UNA CORRIENTE DE ESPERANZA
INDICE
BREVE HISTORIA
DE DEUDORES ANONIMOS
COMO ENCONTRAR
A DEUDORES ANONIMOS
CON GRATITUD Y AFECTO HACIA ALCOHOLICOS ANONIMOS
EL MEJOR
DISTRIBUIDOR MUNDIAL DE TARJETAS
EL AMOR COMO EL DINERO;EL DINERO COMO EL AMOR
HAY UN MONSTRUO
VIVIENDO DENTRO DE MÍ
ESCAPAR DE LA
PRISION DEL DEUDOR
UN LIBRO DE CUENTOS
DE LA TARJETA DE CREDITO DE UN DEUDOR
EL PODER SUPERIOR
ME ESTA GUIANDO
LA AVENTURA DEL
DESIGNIO DIVINO
LLEGAR A EXTREMOS
POR Mi VISION
LA
INDIGNACION DEL MENDIGO SE TRANSFORMA EN UNA VISION DE ALTO VUELO
DEL
RESENTIMIENTO A LA LIBERTAD
¿QUÉ TIENE QUE
HACER LA FAMILIA?
LA DEUDA FUE UN
PELIGRO PARA Mi SALUD
LOS VIEJOS BUENOS
TIEMPOS: ALGUIEN INGENUO MIRA HACIA ATRÁS.
COMO APRENDÍ A
AMAR LO QUE TENGO
YO PERTENEZCO –
HISTORIA DE UN GANADOR DE VUELO BAJO.
SCARLETT SE
CONVENCIO Y CONCURRIO A D.A.
PUENTES A
CRUZAR Y MUNDOS A CONQUISTAR
SALVADO POR UN
PODER SUPERIOR MAS GRANDIOSO QUE YO.
EL VESTIDO
CUBIERTO DE DIAMANTES
(38 historias)
Nosotros, los hombres y mujeres de
Deudores Anónimos, venimos a resolver nuestro problema común de ser deudores
compulsivos. Compartimos nuestra
experiencia, fortaleza y esperanza con otros, para detener la enfermedad de la
deuda. Hemos descubierto que la deuda
compulsiva es un desorden doloroso, confuso y destructivo. Las deudas compulsivas tienen muchas formas,
desde incurrir.en deudas inseguras hasta la
mentalidad pobre e insuficiente. Todas
estas formas de deuda afectan seriamente nuestra calidad de vida: financíeramente, emocíonalmente,
mentalmente, espiritualmente, físicamente y socialmente.
Como miembros de Deudores Anónimos
hemos elegido un camino espiritual de salud y crecimiento, lo cual requiere
trabajar los "Doce Pasos" y usar las "Doce Herramientas de D.A." Ellos son la base de nuestro proceso de
recuperación. Como resultado de este
comienzo del proceso de recuperación hemos sido capaces de lograr solvencia y
prosperidad: estamos aprendiendo a comprendernos a nosotros mismos y formar
genuinas conexiones de amor con otros y descubrir un vínculo con el Poder
Superior de nuestro entendimiento.
Hemos creado este libro de
recuperación, para compartir nuestro programa con otros deudores compulsivos,
para que ellos puedan llegar a comprender que hemos venido a conocer lo
relativo a la deuda y experimentar el alivio que hemos encontrado. Las historias reunidas son una colección de
experiencias de miembros con deudas los cuales comparten "Lo que fue para
ellos, Que pasó, Cómo cambiaron, Cómo son ahora". Estas historias expresan
las opiniones y experiencias del miembro como individuo y no necesariamente
aquellas de Deudores Anónimos como un todo.
Tenemos la esperanza que si te
sientes identificado con algunos o todos los aspectos de la deuda compulsiva,
te unirás a nosotros en el camino de la recuperación, y encontraras la paz, la
alegría, el amor y la solvencia financiera que esta aquí para ti.
BREVE HISTORIA DE
DEUDORES ANONIMOS
Deudores Anónimos comenzó en 1958
cuando un grupo de miembros en recuperación, de Alcohólicos Anónimos, realiza
su primera reunión para discutir los problemas que tenían con el dinero. Se llamaban a sí mismos Lanzadores de
Peniques y, más tarde, Constructores de Capital. Los miembros de este grupo hicieron depósitos
diarios de sus fondos en una cuenta de ahorro porque ellos creyeron que sus
problemas financieros se basaban en su incapacidad para ahorrar dinero. A medida que fueron pasando los días y los
meses, los miembros del grupo comenzaron a comprender que sus problemas
monetarios no se basaban en la incapacidad para ahorrar dinero, sino más bien,
en la incapacidad de volverse solventes.
A principios de 1971, la esencia del programa de D.A.
se revela con el descubrimiento y el entendimiento que el acto de deber, en sí
mismo, era el principio de esta enfermedad y que la única solución era trabajar
en los Doce Pasos de Alcohólicos Anónimos.
Después de dos años los miembros en
recuperación de A.A. se dispersaron. Las reuniones iban y venían. En 1976 D.A. se
estableció en forma permanente cuando dos o tres personas comenzaron a reunirse
los miércoles a la noche en el Rectorado de St. Stephen's Church, en Nueva York. Dentro del año
se organizó una segunda reunión y así Deudores Anónimos renació. Al momento de imprimirse este libro, hay mas
de 300 grupos registrados en D.A., en casi todos los
estados hay listados de reuniones de D.A. y así mismo
en diez países a nivel mundial.
En 1987, la Primera Conferencia de
Servicio Mundial de Deudores Anónimos fue celebrada en Nueva York en el Auditórium de St. Vicent's Hospital.
Realmente, la Conferencia fue un verdadero suceso - pero no fue, en
absoluto, como las que se realizan actualmente.
No había hoteles ni salones para las reuniones del comité, ni para el
Gran Baile del Deudor, ni tampoco había fondos para celebrar la Conferencia.
Pero sí había muchísima camaradería, un compromiso hacia la unidad de Deudores Anonimos y había un Poder Superior.
Desde la primera conferencia, D.A. ha crecido en número de miembros, como así también, la
fortaleza y la recuperación de los mismos.
Numerosos folletos han sido publicados, anualmente se han celebrado,
Conferencias Mundiales, la publicación trimestral de Ways
and Means ha sido
establecida. D.A. ha aceptado la incorporación de Business Owners Debtors Anonymous (BODA) y fue
lanzado el sitio en la Worid Wide
(www.debtorsanonymous.org).
La publicación de este libro, Una
Corriente de Esperanza, es la culminación de siete años de esfuerzo de toda la
Hermandad, y Deudores Anónimos entra en el siglo 21 como una organizacion global, dedicada, como siempre lo ha sido, a
su propósito principal: ayudar al deudor compulsivo que todavía sufre.
COMO ENCONTRAR A
DEUDORES ANONIMOS
A la fecha de esta publicación, hay mas de 300 reuniones registradas de Deudores Anónimos, en
casi todos los estados de los Estados Unidos.
También se sabe que hay reuniones registradas en cinco continentes:
América del Norte, América del Sur, Europa, Asia y Australia y en once países:
Australia, Brasil, Canadá, China, Dinamarca, Francia, Israel, Nueva Zelandia, Filipinas, España y Reino Unido.
La Junta de Servicios Generales de
Deudores Anónimos tiene una oficina, a través de la cual, se puede obtener
mayor información de todos los lugares del mundo. La dirección de la misma es la siguiente:
D.A. General Service Office
(781) 453-2743
En la mayoría de las grandes
ciudades de Estados Unidos puedes encontrar el número de teléfono local, en la
guía telefónica del lugar. También te
pueden informar en otras instituciones que hagan referencia al programa de Doce
Pasos. Otras fuentes de información para
localizar reuniones de Doce Pasos, tales como diarios, revistas, centros de
servicio a la comunidad, iglesias, también pueden informarte.
Deudores Anónimos tiene un sitio en
la red (Worid Wide Web):
La información disponible a través
de la red tiene, inclusive, temas generales acerca de D.A.,
para los medios de comunicación, preguntas para que te contestes a ti mismo y
así, determinar si D.A. puede ser el lugar apropiado
para ti, información para acceder a los grupos en línea (on
line), formularios para solicitar literatura y
noticias para los miembros.
Business-owners Debtors Anonymous (BDA) información específica a dueños de negocios comerciales y a
profesionales autónomos. BDA está
totalmente integrada a Deudores Anónimos, pero tiene aspectos específicos de
especial interés para sus miembros.
El Segundo de los Doce Pasos de
Deudores Anónimos sugiere que nosotros llegamos a creer en un poder más grande
que nosotros mismos, el cual puede hacernos recobrar el sano juicio. Basándose en la larga experiencia y
tradiciones de todas las hermandades que practican los Doce Pasos, Deudores
Anónimos nunca intentó, ni intentaría definir o limitar que es el Poder
Superior o que significa. Todos los
miembros de la Hermandad de D.A. tienen el absoluto
derecho de definir este "Poder Superior" de acuerdo a su
entendimiento.
CON GRATITUD Y
AFECTO HACIA ALCOHOLICOS ANONIMOS
En 1935, Bill
W. y el Dr. Bo fundaron Alcohólicos Anónimos dando
nacimiento a una fundación espiritual para la recuperación del alcoholismo.
A través de sus inspirados esfuerzos
ellos desarrollaron un método de recuperación que, no solo funciona para el
alcoholismo, sino que también funciona para otras serias adicciones. Desde entonces, ellos y los miembros de la
hermandad, han construido un "Camino de Recuperación" a través de los
Doce Pasos y las Doce Tradiciones, que ha ofrecido experiencia, fortaleza y
esperanza a millones de personas que sufren por causa de severas adicciones.
Nosotros, los miembros de Deudores
Anónimos, deseamos agradecer a Alcohólicos Anónimos por abrir la puerta a la
alegría de la recuperación y para probar - más allá de cualquier duda - que las
promesas del programa se hacen realidad.
También apreciamos la generosa autorización de A.A.
para adaptar los Doce Pasos y las Doce Tradiciones originales a nuestro
programa de recuperación de la enfermedad del endeudamiento compulsivo.
Por encima de todo, D.A. desea expresar nuestra eterna gratitud hacia un
"Dios de nuestro entendimiento" por la inspiración espiritual y la
fortaleza en las cuales todos los adictos en recuperación, encontramos nuestra
esperanza y nuestra alegría.
NUESTRAS HISTORIAS
Esta mujer dejó de tomar cosas
ajenas después de haber aprendido como podía darse a sí misma.
¿Por qué el auto de la policía
estaba estacionado frente a nuestra casa? ¿Le había sucedido algo a mamá o a papa?. Entré a la casa
por la puerta del garaje; la puerta principal era usada los días feriados o
cuando venían invitados.
Mamá y papá estaban sentados
alrededor de la mesa de la cocina junto a dos oficiales de la policía. Me dijeron que tomara asiento alrededor de
esa mesa donde yo comía con la familia, o jugaba Scrabble
o servía algo de beber a mis padres. Las
caras de todos ellos reflejaban seriedad, enojo y hasta disgusto. Sobre la mesa había dibujos en blanco y negro
con la palabra "sospechosa" y la descripción: sexo femenino, piel
blanca, indicaba peso y estatura, rubia, de unos doce a quince años de edad
aproximadamente.
Ese día había estado tranquila. Escuché como mis padres explicaban porque
robar era malo, era un error y peligroso.
Mis padres dijeron que estaban avergonzados de mí, desilusionados. Vi odio en los ojos
de mi madre. Pensé que ella estaba
celosa de mí. Durante sus borracheras,
más de una vez, me dijo que yo no era linda ni elegante. A menudo, decía que si la gente supiera quien
era yo realmente, no me prestarían mucha atención. Y ese día supe que ella tenía razón. Yo estaba tan asustada que, a partir de ese
día, nunca más robé algo en ese establecimiento comercial.
Pasaron algunos meses y necesité
comprar maquillaje. Yo usaba mucho
maquillaje, pero me resultaba difícil elegir el tipo correcto para mí. No podía soportar equivocarme, por lo tanto,
solo lo tomé, pues si no era perfecto no me causaría ningún daño. Yo sabía que si podía encontrar el maquillaje
perfecto, sería buena, hermosa, adorable.
Cuando era más joven, había
disfrutado de frecuentes caminatas por el barrio. Con mis amigos nos deteníamos en algún lugar
para comprar golosinas. Durante aquellas
caminatas, solía manifestar que tenía muy poco dinero, así mis amigos compraban
para mí también. Mis padres me elogiaban
diciendo a sus amigos lo cuidadosa que era con el dinero. Por el contrario, con respecto a mi hermana
decían: " A esta chica el dinero le quema en sus manos. Para Navidad había
muchas confituras, regalos, tarjetas navideñas, visitas, llamadas telefónicas y
reuniones. Esto era demasiado para un
solo acontecimiento y sólo ocurría una vez al año. El tiempo que me llevaba desenvolver los
regalos era, para mí, pavoroso. Abría un
regalo tras otro, pero parecía que estaba buscando algo que nunca hubo. Había demasiada presión para estar
sorprendida y feliz por los regalos y sabía que nunca sería suficiente mi
agradecimiento. Estaba perturbada, pero
por supuesto, no hablé con nadie respecto a esto que sentía. Pronto estaría en un local comercial y allí
vería algo que haría la diferencia. Lo
tomaría; después quedaría satisfecha.
Crecí y me convertí en una ladrona
sofisticada. Robé a amigos y familiares,
desde pequeños negocios , hasta a grandes establecimientos
comerciales. Estaba fuera de
control. Había conseguido todo lo que
quería, pero todavía me sentía vacía.
Al tener alrededor de treinta años,
había estado casada durante diez años con el hombre de mis sueños de
adolescente. Teníamos una segunda, nueva
casa en los suburbios, un auto nuevo y una nueva motocicleta BMW. Teníamos un hermoso y saludable hijo de un
año y medio de edad. Ahora, nuestra
familia estaba completa, todavía me sentía miserable, mala y fea. Sólo
sentía amor hacia mi hijo y creía que me había convertido en un ser poco
amable. Llevó un poco más de dos años
perder todo, salvo la responsabilidad de cuidar a mi hijo.
Había estado sobria durante cuatro
años y había limpiado bastante "mi pasado desastroso", como dicen en A.A.. Dentro
de la hermandad, se me conocía como una mujer que tomó su recuperación con
seriedad. Trabajé con los Pasos. Leí y amé el Libro Grande de Alcohólicos
Anónimos. Me mantuve en contacto con mi
padrino con bastante frecuencia. Aún
estaba bajo tratamiento terapéutico. Me
había comprometido, realmente, a hacer mi trabajo emocional, como así también,
el inventario de mi familia de origen.
Quería ser libre, todavía, la mayoría del tiempo tenía miedo. No importaba lo mucho que había trabajado, ni
cuantos presupuestos había elaborado, nunca tenía suficiente dinero para
terminar el mes.
Tomé pensionistas, para hacer frente
a los gastos de la casa, aunque yo odiaba que otras personas vivieran conmigo y
con mi hijo. Usaba mis dos tarjetas de
crédito a fin de cada mes, para comprar alguna cosa pequeña para nosotros o
para hacer un regalo a alguien. Las
tarjetas de créditos y el robo parecían el único camino. Yo no planeaba robar, por lo general, era un
pensamiento posterior. Sabía que algo
andaba muy mal, que yo me sentía mal y que, todavía, seguía robando. Era, particularmente, vulnerable ante el
mostrador de los cosméticos. Estaba
dispuesta a pagar la máscara de las pestañas, pero no, los dos delineadores de
labios ¿Qué me estaba sucediendo? Nunca
me habían atrapado robando.
Mí único toque de alerta fue,
aquella mañana, en la cocina de mi casa, con los oficiales de policía.
Un día de otoño, estaba con una
amiga. En el medio de mis lamentos
acerca de los problemas monetarios, ella me dijo que no estaba tan segura que
mi problema fuera la deuda o el gasto compulsivo. Me comentó que estaba asistiendo a reuniones
-de un programa llamado Deudores Anónimos.
Y, que este programa, la estaba ayudando a vivir libre de la
preocupación acerca del dinero. Confié
en mi amiga, fui a mi primera reunión de D.A. Odiaba
ser recién llegada. Odiaba estar allí.
¡Me sentía tan avergonzada! Aún no
entendía el significado de la palabra "deuda", pero sí creía entender
un poco lo que significaba el gasto compulsivo.
Estaba segura que mi problema era lo que yo deseaba intensamente:
Necesitaba ayuda para controlar mis gastos y, así, tener el dinero suficiente
para pagar mis cuentas todos los meses, incluyendo esas tarjetas de crédito,
cuyos saldos continuaban creciendo, a pesar de mis pagos mínimos
mensuales. No veía que podía hacer sin
utilizar esas tarjetas de crédito.
Corté el uso de mis tarjetas durante
el primer mes de concurrir a las reuniones de D.A.
Estaba asustada. Sufría de insomnio,
ataque de pánico e ira. Durante unos
meses, usé mi pequeña reserva y, de esta manera, no tocaba las tarjetas de
crédito o la renta de los
alquileres. Pagué las cuentas,
incluyendo las de las tarjetas de crédito y mi préstamo estudiantil. Después, me di cuenta que el dinero que
quedaba no era suficiente para vivir el resto del mes. Traté de disminuir las cuentas de gas y
alimentos v corté todo gasto en lo relativo a entretenimientos para mi hijo y
para mí. La privación me ponía mal cada
mes. Mi vida empeoraba. Era más dura y
ahora, comenzaba a dar cheques sin fondo a fin de mes.
Desesperada, comencé a hablar en las
reuniones, compartí mi confusión, mi enojo y mi terror. Comencé a tener Grupos de Alivio de Presiones
y después de nueve meses, me di cuenta que no podía hacer frente a mis necesidades,
continué haciendo el pago de mis deudas.
Estaba horrorizada ante el pensamiento de invitar a los cobradores de
cuentas a introducirse en mi vida, pero vi que no
tenía otra elección posible. Había visto
a otras personas en la hermandad, a aprender a poner sus propias necesidades en
primer lugar, y así sus vidas fueron cambiando.
Estaban menos preocupados. Estas
personas hablaban de tomarse vacaciones y divertirse. Yo quería dejar de robar. Yo también quería ser libre.
En D.A.
trabajé duro por mi recuperación. Amaba
y usaba todas las herramientas disponibles.
Asistía a las reuniones, llamaba por teléfono. Hasta hacía llamadas telefónicas desde los
negocios, cuando sentía esa molesta confusión.
Pedí mucho a Dios, para que me guiara.
Esta nueva forma de vivir requería dicho enfoque. Contestaba las llamadas telefónicas de los
cobradores de cuentas. Lloraba y gritaba
por el camino seguido hacia la humillación y la vergüenza. Finalmente, comencé a separarme de lo que yo
gano, lo que poseo o debo, pero todavía, estaba abrumada por el sentimiento de
que, en este mundo, no había lo suficiente para mí. Cada vez que comenzaba a creer que podía
haber lo suficiente, me sumergía en el sentimiento de que no lo había. Volvía a robar y me odiaba mucho más que
antes. Me atreví a hablar acerca del
tema robo, en las reuniones. Me había
sentido en soledad con mi vergüenza.
Después de un año y medio de
concurrir a D.A., mi mundo se llenó de tristeza. Durante el verano, doce personas a quienes yo
conocía, murieron o fueron muertas.
Estuve llorando durante semanas.
Muy pocas veces salía de casa, solo para ir a las reuniones donde me
sentaba y lloraba. Algunas veces
compartía, la gente me escuchaba. Gracias
a Dios, ninguno se fijaba en mí o, me pedía que me fuera. Una tarde, regresaba de una reunión
sintiéndome tranquila, no tan triste.
Entré en un negocio a comprar algunas cosas que necesitaba, y vi, fullera del mismo, un gran arreglo con flores. Tomé dos plantas y las puse en la parte
trasera de mi coche. Cuando llegué a
casa, colgué mis nuevas y hermosas plantas.
Durante semanas, pasé la mayor parte del día sentada, ya sea llorando,
leyendo cuentos o dejando la mirada fija en el espacio. Necesitaba las flores para esperanza y por su
belleza.
Miré mis flores y, de repente,
comprendí, por primera vez en mi vida, que yo robaba porque creía que no había,
en este mundo, lo suficiente para mí y que no me merecía algo que fuera bueno o
hermoso. Yo creía que era mala, fea, tal
como yo solía escuchárselo a mi madre, tan a menudo, cuando yo era una
niña. Yo creía que era antipática. En aquel momento, comprendí que cada vez que
robaba estaba reforzando esas creencias que tenía desde mi infancia. Lloré y, a través de las lágrimas, le pedí a
Dios que se interesara por mí, por mi vida, que me ayudara a creer que yo era
buena, hermosa y simpática. Necesitaba
abrirme hacia la generosidad de Dios.
Durante ese año, hubo más meses de
lágrimas, pero nunca más, me sentí sola No volví a robar, ni aún en los
momentos de carencia o privaciones.
Ahora estoy encaminada en otra dirección. Estuve aprendiendo a cuidarme a mi misma y a
comportarme como adulta en relación a mi propia vida.
Desde entonces, han pasado cinco
años. Permanezco cerca de D.A., amo a mi grupo y, los lunes a la noche, hago
servicio. Continúo usando las
herramientas del programa, amo los planes de acción que son generados a partir
de mi Grupo de Alivio de Presiones.
Ahora, mis pasos de acción están dirigidos a la compra de muebles nuevos
y de ahorrar para realizar, con mi hijo, un viaje a Europa. Recibo un generoso aliento para amarme y ser
gentil conmigo misma. Estoy apoyada por D.A. para darme a mi misma amor, confort, y hasta
lujo. He recorrido un largo camino. Estuve acostumbrada a robar. Ahora, puedo confiar en mi misma y en Dios,
para amarme y cuidarme.
Durante el segundo año de mi
recuperación en D.A., me vi
sostener mis manos con las de un compañero.
Había un sentimiento de calidez, amor y confort. Hoy, soy compañera de mi misma. Ya no estoy consumida por el aislamiento y la
trágica soledad que, una persona compulsiva y adicta conoce. Nuevamente, mi familia forma parte de mi
vida. ¡Qué milagro! Ahora, los amo tal
como ellos son. Hoy, los regalos más
grandes, a partir de mi trabajo de recuperación son la amistad que tengo con
los otros y conmigo misma. Esto ha
sucedido. ¡soy buena, hermosa y simpática! ¡Gracias D.A.! Y gracias a Dios y a los Doce Pasos.
Una chica complaciente aprendió a
ganar dinero para lo que ella deseaba.
Pero estuvo en la cárcel y D.A. le enseñó cómo
podía ganar dinero.
Recuerdo que la primera vez que
conté mi historia tenía catorce años.
Asistía a las reuniones de Alateen porque mi
padre era alcohólico. Un día, se me
pidió que contara como era "crecer en un hogar con alcohol". Mis primeras palabras fueron: ¿Han vivido,
alguna vez en el Infierno? No se cómo me
surgieron esas palabras. Hoy, creo que
Dios hablaba a través mío. Recuerdo que
las personas presentes no entendían que el alcoholismo era una enfermedad. Ahora me doy cuenta que yo tampoco lo
sabía. Este es el porque, es tan duro
para mí, comprender el concepto de que mis gastos de dinero constituyen una
enfermedad sobre la cual no tengo control.
A pesar de haber nacido en una
familia sin problemas económicos, nunca hubo un regalo para mí. Fui criada con una mucama que limpiaba mi
cuarto, hacía mí cama, etc., lo cual, más tarde me di cuenta, que eso no fue bueno
para un buen crecimiento. Al haber sido
criada de esta manera, siempre tuve un sentimiento de erígirme
como "la mejor" y muchas otras ideas grandiosas.
Comencé, a la edad de seis años, a
robar dinero de la billetera de mi padre.
Cada noche, mientras él estaba ebrio, mirando televisión, yo me
deslizaba al cuarto de mis padres, sacaba $ 5 o $ 1, y me dirigía a la pequeña
almacén del barrio. Siempre estaba
comprando cosas para la gente. Les
obsequiaba golosinas para demostrar que los trataba bien. Nunca sentí que les agradaba, por eso, les
daba pequeños obsequios, creyendo que así sería diferente.
Recuerdo haber tenido una cuenta
corriente en ese pequeño almacén.
Algunas veces, querìa más golosinas de las que podía adquirir con
mi dinero; por lo tanto, las cargaba en mi cuenta. Por supuesto, mis padres tenían cuentas
corrientes en toda la ciudad. Mi
necesidad de comprar a la gente se incremento por un problema de peso que había
comenzado a la edad de tres años.
A muy temprana edad, aprendí a hacer
una de dos cosas. Podía ir a un negocio,
comprar lo que quisiera y, cargarlo en cuenta.
Después estaba atenta a la llegada del correo; cuando llegaba la cuenta
la tiraba. Al mes siguiente, el estado
de cuenta mostraría una deuda y, seguramente, mi padre pensaría que se había
olvidado. Mi otro método era cargar en
cuenta cualquier cosa que deseara, luego, escucharlos gritar, sabiendo que no
pasaría nada.
Cuando dejé mi casa para ir a la
universidad, mi padre abrió una cuenta corriente para mí, depositando una suma
al principio de cada mes. Era para pagar
la renta del cuarto, alimentarme y para emitir un cheque para cosas que yo
necesitara. No me llevó mucho tiempo
descubrir que podía firmar cheques sin tener en cuenta el saldo y conseguir una
explicación escrita cuando el estado de cuenta llegara a la oficina de mi
padre. El me escribía una carta, con el
detalle de los cheques, con una explicación sobre lo que yo no debería gastar
el dinero.
Crecí sabiendo que mi madre emitía
cheques sin fondo todo el tiempo. Cuando
el banco lo llamaba a causa de esos cheques, mi padre llegaba a casa
vociferando. Por alguna razón, esto era
esperado, ya que se consideraban a las esposas "tontas" e
"incompetentes". Mí madre,
también me enseñó, que era correcto comprar algo cargándolo en cuenta,
esconderlo bajo la cama y después mentir, diciendo que eso no es algo
nuevo. Otro de sus mensajes, era que
Dios contestará tus plegarias cuando eres lo suficientemente buena, pero
ninguno querrá casarse contigo.
El escenario estaba listo, y
créanme, la actriz, en mi historia, actuó muy bien. El primer hombre que se acercó a mí para
casarse, probó que ella estaba equivocada, casándose conmigo aunque yo no lo
amaba. Todas mis amigas habían tenido
hermosas fiestas de casamiento. Para no
ser menos, me casé. Una ceremonia y
fiesta de bodas que costaron $10.000, en los años sesenta, significaba una
muestra de lujo y derroche. Noventa días
más tarde, estábamos separados y nuestro divorcio había sido solicitado.
Me mudé a Dallas intentando ser una
gran chica y mantenerme por mis propios medios.
El único problema era, que nadie me había enseñado còmo
hacerlo. No sabía como conseguir un
empleo, mantener equilibrada mi cuenta bancaria o vivir de lo que hacía. La verdad de todo esto, era que yo estaba
enferma, que era una mocosa echada a perder.
Mis abuelos vivían en Dallas, y podía conseguir de ellos lo que deseara:
dinero, alimentos y cariño. Mi abuelo
quiso compararme un auto, pero mi padre dijo "No, ella eligió esta forma
de vivir, dejemos que siga
eligiendo".
Rápidamente, encontré el esposo
Número Dos. Era un ingeniero simpático,
bien parecido, tenía un auto nuevo, dinero en el banco, tarjetas de
crédito. Gasté todo lo que tenía antes y
luego de habernos casado. Poco tiempo
después, lo despidieron de su empleo. En
ese entonces, yo estaba embarazada.
Teníamos un auto nuevo y muchas cuentas.
Aquellos años fueron, realmente, una
locura, pues yo llegaba al límite de compra de cada tarjeta. Cuando las cuentas llegaban, las tiraba o las
escondía. Creía que, mágicamente, el
dinero aparecería, y entonces, las pagaría.
Mentìa cuando los cobradores llamaban por
teléfono.
Más allá de todo esto, tenía un
hijo, maravilloso, cariñoso e inteligente, por cuya existencia agradecía a Dios
todos los días. Me divorcié, quedando mi
hijo a mi cargo. Trabajé por un tiempo,
pero fui atrapada cuando estaba robando.
Aún hoy, me sorprende que no hubieran presentado cargos en mi
contra. Después de haber perdido mi
empleo, visité amigos, fui de compras o hacía lo que sentía en ese
momento. No pagué las cuentas, no busqué
otro empleo. Estaba viviendo una
mentira.
Muy poco tiempo después, descubrí el
mundo maravilloso de pedir prestado. Mis
días de trabajo habían finalizado. Era
capaz de pedir grandes sumas de dinero y así lo hacía. Nunca solicité un préstamo con la intención
de no devolverlo. Era sincera cada vez
que pedía prestado. Ahora, realmente no
sé, como pensaba devolverlo. Vivía en el
mundo fantástico de la grandiosidad.
Durante los siguientes cuatro años,
estuve relacionada, ayudando económicamente a cinco personas. Comencé a ser arrestada por emitir cheques
sin fondo. Cuando vinieron a arrestarme
del departamento de policía, llamé al juez a mi casa. Esto funcionó por muy poco tiempo. Tuve un buen abogado que, por una docena de
veces, logró que los cargos se cayeran.
Un día mi abogado me dijo:
"Nunca más te voy a hacer favores".
Más adelante fui atrapada al firmar otro cheque sin fondos y la fianza
fue fijada en $ 10.000. Durante una audiencia previa al juicio, el supervisor
de la fiscalía, me dijo que había dejado de contar cuando yo llegué a la marca
de $ 100.000. Otro abogado me asistió con respecto a la obtención de la
libertad condicional. He escuchado que
la libertad condicional no es nada más que un corto camino hacia ¡a cárcel. Para mí
esto fue rápido.
Permanecí fuera de la cárcel durante
seis meses. Lloraba las veinticuatro
horas del día y era un gran problema para todos. Rompí todas las reglas, pero comencé a
aceptar la realidad. Mi antiguo abogado
y mi padre trataron de sacarme de allí, pero me di cuenta que, obviamente, yo
necesitaba ir a la "Gran Casa" o mi esquema nunca se rompería.
Fui sentenciada a seis años, pero
fui liberada después de dieciocho meses, al tocarse las cuerdas políticas. Mis padres me compraron un auto y ropa nueva.
Fui a trabajar. Lo único que quería era
trabajar toda la cantidad de horas posibles.
Comencé a hacer las cosas bien.
Mi recuperación comenzó más tarde. Encontré a Hijos Adultos de
Alcohólicos y, por primera vez en mí vida, comencè a sentírme normal.
Puse una tintorería, sin pensar como
le pagaría a mis empleados, o como iba a comprar elementos para el local sin
dinero. Tenía clientes pero era una
lucha constante. Comencé a rezar acerca
de esto y, poco tiempo después, mis clientes me pedían si yo podía hacer esto ... o aquello.
Por cierto, nunca me negué, y así, en un breve lapso de tiempo, me
encontré a mi misma en un negocio remodelado del cual no conocía nada. Pero, yo sabía como planificar mí modo de
llevarlo a cabo, conseguir el trabajo y encontrar gente para hacerlo.
Sin embargo, necesitaba mucho más
conocimiento del que tenía, dos contratistas me cobraron alrededor de $13.000.
Durante casi tres semanas le robaba a Peter para
pagarle a Paul.
Paul falleció y Peter
abandonó la ciudad. En solo tres semanas
había firmado cheques sin fondos por $6.000. Una vez más había cruzado la línea
y había emitido cheques sin fondos.
Había oído hablar de Deudores
Anónimos. Ahora el momento de encarar
que, aunque Hijos Adultos de Alcohólicos me había ayudado tremendamente, mis
problemas mayores eran el dinero y la comida.
Cuando llegué a mi primera reunión, sentía mucha vergüenza. Estaba destruida. Rogaba no encontrar alguna persona conocida,
pero había algunas caras familiares.
Nunca olvidaré mi primera
reunión. Alguien dijo que, esa semana
nadie había firmado un cheque sin fondos, casi me caigo de la silla. Esa noche, no dije una palabra, a excepción
de mi nombre. Cuando finalizó la
reunión, esperé afuera la salida de la gente.
Cuando casi todos se habían ido, regresé al salón y le dije al
coordinador quien era yo, que había estado en la cárcel por firmar cheques sin
fondos y que, actualmente, tenía $ 6.000 en valores dados en esa misma forma.
Las Reuniones de Alivio de Presiones
habían sido mencionadas en la reunión y pude comprender de que
se trataban. Inmediatamente, pensé que
las necesitaba. Esta persona me miró y
dijo: "Sí, creo que las necesitas".
Al lunes siguiente de ese día, fui preparada para la Reunión de Alivio
de Presiones, pero también asustada. Me
sentía tan avergonzada, que no podía poner en palabras ese sentimiento. Mi Grupo de Alivio de Presiones me sugirio pedir un préstamo de dinero para cubrir los
cheques, pero no lo hice. Volví a mí
pensamiento mágico acerca de que el dinero caería del cielo, volví a mí
grandiosidad y a que yo estaba por encima de la ley.
El Grupo de Alivio de Tensiones me
dijo que yo necesitaba contactarme con cada uno de mis acreedores y pedirles
treinta días de gracia. Eso hice, mis
acreedores aceptaron. No solo llamé por
teléfono sino, que escribí cartas, eso me daría el tiempo necesario para
solicitar un préstamo y pagar esas deudas.
Más allá de las llamadas telefónicas y el envío de correspondencia, no
hice nada para crear dinero. Recuerdo,
que yo creía que el dinero caía del cielo, o que alguien me lo enviaría por
correo porque yo lo necesitaba. Continué
asistiendo a las reuniones.
Un día, alguien del departamento de
policía vino a mi casa con una orden de arresto. Yo no estaba en casa. No tenía miedo de presentarme ante las
autoridades, pero sí de volver a la cárcel.
Por cuatro días no trabajé.
Estaba tan asustada, que solamente concurría a las reuniones y
conversaba con la gente. Fue en ese
entonces, que una cosa milagrosa sucedió en mi vida. Alguien me había dado la
oración del Tercer Paso. Era, solamente,
una tarjeta y yo la puse en uno de los ventiletes del
aire acondicionado, en mi auto. Decía
esa oración en cada momento, todos los días.
Lo digo con todo mi corazón, creo que éste fue el comienzo para mí.
En las primeras horas del quinto día
de recibir la orden de arresto, el nombre de mi abogado, su cara, su energía me
rondaban. Sabía que Dios había escuchado
mis plegarias. Llamé por teléfono a mi aboqado diciéndole la verdad. Me sugirió pagar el cheque, que podría
resultar un delito grave para mí.
Tenía $ 400, pero necesitaba $600
más. Un miembro de D.A.
tenía los $600, y a través de la meditación y la lectura diaria, decidió
prestármelos. Pagué el cheque y la causa
fue dejada sin efecto. Devolví el dinero
a razón de $ 50 por semana.
Todavía debía $5.000 en cheques de
menor importe, ¿Esto me preocupaba? No,
volví al pensamiento mágico, regresé a mi trabajo, fui a las reuniones y hablé
con mi padrino. Decía la oración del
Tercer Paso.
Al año siguiente, durante la
primavera, un policía me hizo detener el auto por una infraccíón
de tránsito. El agente no tenía tiempo
para esperar que un patrullero me viniera a buscar, por eso me dijo que, me
ocupara de mis asuntos personales, sabiendo que había cinco causas menores en
mi contra. En ese momento, comencé a
creer en Dios. Era escéptica acerca de
El, pero en el departamento de los milagros era más grande que yo. Milagrosamente, todos aquellos cheques fueron
tomados en cuenta por mí, con la ayuda de Dios.
Continuaba yendo a las reuniones,
llamando a mi padrino, hablando con Dios, diciendo la oración del Tercer Paso y
trabajando. Después de haber trabajado
durante seis meses para una mensajería, mi espíritu comenzó a regresar. ¡Estaba
recuperando la confianza en mí! Esta iba creciendo, lentamente, pero crecía. La alegría y el lado creativo habían estado
muertos por tanto tiempo, que creía que nunca retornarían. He aquí el resultado: un día, mientras
manejaba, comencé a pensar que podía hacer si yo tuviera mi propio negocio de
mensajería. Decidí continuar, hasta
cumplir un año de trabajo, para quien yo estaba trabajando. Con doce clientes, abrí mi propio negocio.
Hoy, a veces, todavía no puedo creer
que yo sea inteligente, competente, confiable, simpática. Comencé a tener ideas propias de una mujer
dueña de un establecimiento comercial minoritario. Con todo eso, no podía equivocarme. Hablaba con mi padrino acerca de esto. Yo tenía una creencia muy fuerte de que, si
este era el deseo de Dios, entonces iba a acontecer. Creo que, nunca antes, me sentí tan
fuerte. Un día, alguien me ofreció
invertir en mi negocio. En ese momento,
comenzó el trabajo verdadero.
La compañía ha tenido sus
problemas. Sé que no será una sorpresa
que, la mayoría de ellos, estarán centrados en el tener dinero o en la falta
del mismo. Proyecté que me faltarían $
75.000, pero sé que sobreviviremos. Siempre
tengo presente que esta corporación es de Dios y no mía. ¡Cuántos milagros!
Diariamente, leo los libros de
meditación, hago mis números, entrego mis deseos y mi vida a Dios, llamo a mi
padrino, asiste a las reuniones y hago servicio. Si no fuera por la gracia de Dios, mis amigos
y D.A., no estaría hoy aquí.
EL
MEJOR DISTRIBUIDOR MUNDIAL DE TARJETAS
Este hombre hacía uso de las
tarjetas de crédito en forma desmedida, hasta que él se vendió a sí mismo a
causa de ellas.
Hace siete años, cuando asistí a mi
primera reunión de Deudores Anónimos no tenía experiencia y solamente un poco
de conocimiento de los Doce Pasos. Solo
sé que tenía mucho pánico y que deseaba detenerlo.
La reunión de ese día estaba
centrada en la herramienta de D.A.
"conocimiento". Cuando los
escuché definir el término, sabía que, incómodo como me sentía, tenía que
hablar. Esperé hasta casi la
finalización de la reunión para levantar la mano y decir: "Mi nombre es
-----------", "No estoy seguro cómo llamarme a mí mismo. Pero durante los cuatro años pasados fui un
distribuidor de tarjetas de crédito".
Hubo un momento de silencio; después, cada miembro reaccionó a su
manera. Algunos solo me miraron con
sorpresa, un hombre hizo la señal de la cruz, pero la mayoría se rieron ante la
ironía. Sus risas me hicieron saber que
estaban dándome la bienvenida. Mi
recuperación comenzó.
Hasta 1985, yo no sabía como se
usaba una tarjeta de crédito. Bueno,
sabía que con ella se compraba en un comercio y, a fin de mes, se pagaba. En Nueva York,
trabajé en la oficina de registro de la universidad. Mucha gente pagaba sus aranceles con tarjetas
de crédito y, a menudo, alguien decía: ¿"Me la rechazan? ¿Por qué? Acabo de enviar el pago. ¡Estoy debajo de mí
límite!" No tenía la menor idea acerca de lo que hablaban, por lo tanto,
solo decía "Bueno, señor, a nosotros no nos dicen el porque. Quizás, el pago no haya llegado
todavía." Por lo general, sacaban otra tarjeta y pagaban con ella.
Hasta ese momento sólo tenía una
tarjeta que requería ser pagada cada mes.
Siempre lo hice, aunque frecuentemente, me dejaba sin dinero suficiente
hasta el cobro del próximo cheque. La
idea de no comprar algo por falta de efectivo, nunca me había ocurrido. Finalmente, obtuve mi primera tarjeta de
crédito, y así comenzó mi descenso hacia la insania. Yo pensaba: "Esto es bastante
simple. Compro algo, lo cargo en la
cuenta y me tomo un par de meses para pagarlo.
Es fácil". Seguro. Y si lo piensas un poco, podrás ver el límite
del mundo, porque es plano.
Después de mi graduación, me
involucré en una relación amorosa.
Cuando ella me reprochaba por que no ganaba más dinero habiendo obtenido
un título, ignoré el hecho de que ella no hacía nada por tener más ingresos. Fui a una agencia de empleo habiendo
cambiado, por completo, mi apariencia personal e ignorando la voz interior que
me decía que yo debería regresar a Texas.
Hice la cosa "adulta" y traté de encontrar un trabajo
respetable.
Lo conseguí en la primera empresa
que me entrevistó e ingrese como secretario del Departamento de Viajes de uno
de los más importantes bancos de la ciudad.
Siete meses más tarde, fui transferido a la división de tarjetas de
crédito. Para ese entonces, todavía
tenía una sola tarjeta y estaba comenzando a preocuparme porque arrojaba un
saldo de $ 400, y estaba pagando solo el mínimo mensualmente y la cuenta
permanecía con el mismo balance. Pero,
en lugar de bajar mi deuda, usé la tarjeta para comprar diversos trajes de
acuerdo a mi nueva posición. Por
supuesto, busqué ofertas, comprando solo al precio más bajo. ¿Quién puede
estimar el precio eventual de cada cosa, con el interés agregado?.
En ese momento, los bancos
comenzaron a experimentar un producto nuevo llamado la tarjeta de crédito de
"afinidad". Estas tarjetas
estaban destinadas a personas que eran miembros de ciertas organizaciones, con
la promesa de que un porcentaje de cada cargo iría para la institución que
representaban. A mi empleador se le
ocurrió sacar al mercado una tarjeta para el alumnado del que fuera mí colegio,
y cuando el director del proyecto me pidió que aceptara la tarjeta, e informara
sobre la rapidez de las respuestas en cada caso, acepté alegremente. Para ese entonces ya tenía una idea vaga de
que la conducta con mi tarjeta de crédito no era buena, por lo tanto me dije:
"No deseo usar esta tarjeta; solo la tomaré como un experimento, y nunca
la usaré." Rápidamente, la puse en mi billetera. Es probable que llevó
un año antes de que llegara al máximo.
Uno o dos años más tarde apareció
una de las señales de que estaba camino a mi seguridad financiera: crucé el
umbral hacia el mágico Reino del Oro.
Tan pronto como hice el suficiente dinero para calificar par la tarjeta
de Oro, presenté mi solicitud. Una vez
más dije aquellas maravillosas palabras: "Esta vez, con esta tarjeta haré
las cosas bien. No permitiré que un
cargo permanezca más de un mes en la cuenta". En menos de dos años, había alcanzado el máximo,
$5.000.
Mientras tanto, ¿qué hacia cada día
en mi trabajo? Llegaba, me sentaba en mi escritorio y trataba de imaginar como
podía vender tarjetas de crédito a la gente y como conseguir que ellos gasten
más. Cuando cuento mi historia en las
reuniones de D.A., siempre bromeo que yo debía haber
sido muy buen referente de lo que hice por que funcionó sobre mí.
Al estar en el departamento de
marketing de las tarjetas de crédito, yo escribía las "novedades" que
iban a los clientes, con el estado de cuenta, cada mes. Escribí artículos describiendo vendedores que
estaban dispuestos a vender ítems únicos por teléfono, mediante la tarjeta de
crédito. También presentaba
correspondencia fabricada, preguntando sobre ciertos ítems como, por ejemplo,
la seguridad con respecto a la tarjeta de crédito, a lo cual respondíamos
describiendo uno de los "servicios" que nosotros ofrecíamos - por
supuesto - por una pequeña suma de dinero.
Una vez por semana, teníamos una reunión departamental, y el tema de
estas reuniones era como conseguir que nuestros clientes gastaran más. Aumentamos la línea de crédito, diciendo que,
hacíamos esto, porque nuestros clientes eran "valiosos" y
"responsables".
Otra parte del trabajo era analizar
cuales eran clientes potenciales que podrían tener cargos grandes en sus
tarjetas y quienes podrían algún día decir:"Lo siento, no puedo pagar
más." Yo me pregunto como los miembros de D.A.
podrían considerar sus programas de computación.
Después de permanecer dos años y
medio en este trabajo, acepté un puesto en otro banco, el cual me ofrecía un
salario mayor. No era este nuevo sueldo
el que me aumentaría mi standard de vida. En menos de cuatro años, mí salario había
aumentado de $17.000 a $ 46.000, pero también, año tras año, crecieron las
dificultades en mi vida. Estaba viviendo
en un deslucido departamento situado en planta baja. Mi autoestima estaba tan baja que ni siquiera
tenía mi propia cama; en cambio, durante cinco años dormí sobre un sofá de
segunda mano. Mi dinero iba en cientos
de direcciones, la mayoría de las cuales, actualmente, no las recuerdo. Un día decidí comprar un pasaje a San
Francisco, usando la tarjeta cuyo pago debía hacerse cada mes, pensando que
ahora tendría dinero para saldarla cuando llegara el resumen. Por supuesto, cuando llego ese momento, no
tenía como pagarla, y después de diversas llamadas telefónicas decidí cargar el
pago en una de mis otras tarjetas.
Esto sucedía al mismo tiempo que mi
crédito comenzaba a no ser aceptado en los establecimientos comerciales. Estaba 10% arriba del "colchón" del
límite de crédito que me habían otorgado los bancos. Muchas veces salí de este apuro pero, cuando
no podía era terriblemente humillante.
También comencé a rebotar cheques, pues firmaba cheques para la
protección del saldo de mi cuenta corriente.
Aunque intentaba controlar mi chequera, cuando llegaba el estado de
cuenta mensual, la guardaba en un cajón.
Mi cuenta corriente y aún mis cuentas de aliorro
estaban siempre vacías, cuando estaba por llegar el próximo pago, y recuerdo,
haber llamado desesperadamente a la línea de información automática, tratando de
descubrir que cheques habían entrado en el clearing, aterrorizado de que
hubiera sobregirado demasiado y de no recibir el pago de mi sueldo antes de que
los cheques fueran rechazados. También
recuerdo haber estado corriendo por las calles de Manhattan,
tratando de conseguir adelantos en efectivo sobre mis tarjetas de crédito y así
poder continuar mostrando al mundo la imagen de un hombre con dinero. Por entonces, súbitamente, las cosas
comenzaron a cambiar. En octubre de
1990, estaba comiendo en Greenwich Village, mirando fijamente a la calle lluviosa, oscura y
fría. Pensaba que tenía que irme de
Nueva York, pero carecía del dinero para
hacerlo. Fuera de una cuenta 401 K, no
tenía dinero en absoluto.
Menos de 12 horas más tarde, a la
mañana siguiente, cuando llegué a mi empleo, mi jefa me dijo que ella creía que
ese trabajo no era el adecuado para mí o que yo fuera la persona indicada para
el mismo. Me preguntó si estaba
dispuesto a recibir, como compensación, tres meses de sueldo. Mi mente corría velozmente, y me di cuenta
que ella estaba hablando de alrededor de $ 10.000 a $ 12.000. Le contesté que
aceptaba. En noviembre de ese año, dejé
Nueva York, y me dirigí de regreso a Texas. Era la primera vez que comencé a creer que
quizás había un Dios.
Ahora que estoy en casa, me digo a
mí mismo, que he dejado atrás una vida horrible. Dejé de usar las tarjetas de crédito. Con mi terror y mi vergüenza, atravesé la luz
roja y, solo por la gracia de Dios comencé a cubrir los cheques que todavía
podían ser rebotados y evité
inconvenientes.
A mediados de enero de 1991, estaba
en una librería y vi un libro acerca de cómo salir de
la deuda. Me dirigí a la biblioteca
pública, lo pedí y comencé a leerlo, pero lo cerré cuando llegué a la parte
donde me decía que dejara de lado las tarjetas de crédito. Aunque yo había decidido no usarlas más, el
pensamiento de no contar con ellas me golpeaba como si me martillaran el
pecho. Pero las puse en un sobre, lo
cerré y las escondí en un estante,del
placard. A fines de enero, estaba
conversando con una amiga por teléfono, quien me describía los problemas con
sus propias tarjetas de crédito. Le
comenté sobre la sugerencia que había leído en el libro, y ella me dijo:
"¿Tú quieres hacerlo?" "Hagámoslo ahora". Tomé mis tijeras, luego las tarjetas y las
corte en pedacitos. Sentí que era libre
y una enorme sensación de alivio.
Decirme que destruyera las tarjetas
no fue la única y maravillosa sugerencia que me dio ese libro. También mencionaba un grupo llamado Deudores
Anónimos, justo como para personas como yo.
Cuando leí acerca de este grupo, decidí asistir.
Esa noche tuve que salir de la
ciudad por varios meses, pero guardé el libro. (Tiempo después la biblioteca no
me cobró nada por haberío guardado tanto tiempo, porque consideró que fue una
emergencia mi salida de la ciudad - mi primer milagro de D.A.).
Así, en abril de 1991, me encontré sentado en un salón confesando que yo solía
estar del otro lado. Desde ese momento,
comencé a concurrir a tres reuniones por semana.
Me llevó un tiempo meterme en el
programa. Durante seis meses continué
pagando mis tarjetas de crédito, debitando el importe de las mismas de lo que
quedaba en mi 401K. Necesité esos meses para encontrar coraje y pedir una
Reunión de Alivio de Presiones, mi Grupo de Alivio de Presiones,
inmediatamente, me dijo que no hiciera los pagos, demostrándome que yo no podía
afrontarlos. En ese instante,
finalmente, admití mi impotencia ante la deuda.
Escribí a mis acreedores, explicándoles que no podía pagarles puntualmente
y que lo haría cuando me fuera posible.
Ahí fue cuando comencé a vivir para mí mismo.
Durante varios meses recibí
llamados, algunas veces seis por día, de los departamentos de cobranzas de los
bancos. Luego pasaron mis deudas a los
cobradores, quienes llamaban regularmente, algunas veces, intentando hacerme
sentir vergüenza por no tener el dinero para pagar. Uno de ellos, llamó diez veces en algunos
minutos y dejaba un mensaje abusivo en mi contestador telefónico. Escribí a la compañía, amenazando llevar una
queja a la Fiscalía General de Estado.
La ira hace maravillas por la autoestima.
Mientras tanto, D.A.
comenzó a producir milagros para mí.
Desde que me mudé a Texas, había comenzado a nutrirme volviendo a
escribir y a la fotografía, dos de mis pasiones. Una noche, estaba intentando mirar una fotos, pero la luz estaba demasiado baja. Tomé el libro que trataba el tema de cómo
salir de la deuda, lo abrí donde el autor relata como estaba urgido por sus
amigos (Grupo de Alivio de Presiones) a comprar una mesa que él necesitaba, a
pesar de que tenía cuentas que estaban por llegar, pero sin tener ingresos
previos. Compró la mesa y un dinero, que
no esperaba llegó a sus manos. Salí esa
noche y compré una lámpara que inundaba de luz a mi departamento, creyendo que
si yo gastaba ese ingreso extra, éste retornaría a mí. Mis fotos nunca se
vieron mejor. Al día siguiente, llamé
por teléfono para participar en el estudio de una medicación para el asma. No sólo me pagaron mi costoso medicamento,
sino que también me pagaron a mí.
Cuando mi cámara fue robada, a los
pocos días, surgió una oferta de parte de uno de mis antiguos jefes del banco,
para hacer un trabajo escrito en forma independiente. El pago fue, casi igual al costo de la
máquina. Dos meses más tarde, cuando
recibí el dinero, compre una nueva camara. Ese mismo día, sin llegar a desenvolver la
misma,. recibí una llamada
informándome que la máquina que me habían robado, había sido recuperada, sin
daño alguno. Devolví mi compra y destruí
el cheque que había firmado para pagarla.
Cuando necesité un nuevo empleo,
traté de decidir que clase de empleo era el adecuado para mí. Ubiqué la librería más cerca y me dirigí
directamente hacia allí. Había un cartel
que decía: "Se necesita ayuda".
Me presenté y me contrataron cuatro días más tarde. Todos milagros.
Hoy, me doy cuenta que puedo cubrir
mis necesidades. El dinero viene hacia
mí, a veces misteriosamente, de formas impredecibles. Cuando mi labor en la librería se tornaba dificultoso, le pedía a Dios que me guiara, que me mostrara
una señal de que todo estaba bien. Diez
minutos después, encontré un billete de $ 50 escondido en un libro; dos semanas
más tarde, encontré $ 96 en otro libro.
Hoy, todavía tengo deudas que
ascienden a casi $ 10.000, pero sé que las voy a pagar en término. Usando las herramientas de D.A., llamando a mis amigos y a mi padrino, adhiriéndome a
mi plan de gastos, escuchando a mi Grupo de Alivio de Tensiones y guardando
meticulosamente las grabaciones, el miedo y la vergüenza acerca de mis deudas
han sido removidos. Cuando recibo una
llamada ocasional de un acreedor, mi corazón no golpetea como sucedía hasta
hace un año.
Hoy, el milagro más grande que hay
en mi vida es, darme cuenta que el dinero es una pequeña parte de la
abundancia. No tengo mucho dinero, pero
tengo una montaña de abundancia. Me
tengo a mí mismo, tengo una amistad con mí Dios amoroso. Cualquier otra cosa es de menor importancia.
EL AMOR COMO EL DINERO;
EL DINERO COMO EL AMOR
El dinero se convirtió en su medida
para el amor y, finalmente, en su amante.
En D.A. ella aprendió a estar presente como
mujer de negocios, madre y esposa.
Cuando estaba en cuarto grado me
volví obsesiva en lo referente al dinero.
Le pedí a mi abuela "sólo una pequeña cantidad" así podía ir
al centro a comprarme "una cosa chiquita". Esa fue una rápida muestra de lo que pasaría
cuando fuera adulta.
El dinero en mi bolsillo me daba
algo que me impedía ver mi soledad, me sentaba con él y permanecía a solas con
él. Comprar algo me daba la sensación de
ir a un lugar importante, y con una ráfaga de adrenalina y con un sentimiento
de excitación, me convertía en un ser valioso (por un rato) mientras compraba
mi regalo del día. Cuando me daban
dinero, era una persona amada, simplemente eso.
Y sabiendo, que siempre podía, de alguna forma, "conseguirlo",
me daba un sentimiento de poder y superioridad que es, en otras palabras,
definir el egocentrismo. Nunca me hizo
sentir bien por mucho tiempo. Entonces,
pedía más dinero. No conseguía todo lo
que necesitaba. En lugar de obtener
amor, sólo conseguía un sentimiento de control y una "representación"
de mi habilidad.
Como adolescente que era, lucir bien
significaba ser deseada y admirada. Fui
elegida la Mejor Vestida dentro de la Clase Senior. El fotógrafo de la escuela me tomó una foto
mirándome al espejo. El reflejo de esos
ojos azules, tristes y el fantasma de una sonrisa pegada sobre mi cara me hace
recordar a esa canción de Peggy Lee: ¿"Es eso todo
lo que hay?"
Después de mi graduación, me casé,
depresiva y desesperadamente sola, amando la unión de su numerosa familia y
deseando compañía. Yo sabía que él sería
un buen padre, muy trabajador, y que me ayudaría a integrarme y tener el
sentido de pertenencia. Y sí, por todo
esto, las perspectivas parecían buenas.
Compramos diversas casas, cada vez, mis planes de lograr mayor confort
iba en aumento. En diversas ocasiones,
cambié por completo los muebles del living-room. Los compraba y, después de algunos meses
llamaba a la mueblería, por haber encontrado algo mal y, de esta manera, se los
llevaban de vuelta. Siempre hice uso del
crédito. Mientras tanto, no estaba muy
disponible para mis hijos, no tenía mucho tiempo para ellos, por lo muy ocupada
que estaba con diversas cosas, esas cosas de las cuales estaba enamorada. Realmente, yo creía que si mi casa lucía lo suificientemente bien, la gente desearía estar
conmigo. No estaría sola.
Después de cinco casas, incluyendo
un montón de mudanzas y problemas matrimoniales, mi esposo y yo decidimos
comenzar nuestro propio negocio de construcción de viviendas. En mi hogar, que hacía las veces de oficina
trabajaba intensamente atendiendo los llamados telefónicos de los clientes,
dado que estaba ingresando mucho dinero, y yo deseaba gastarlo. Un día hablé con quien nos rentaba nuestro
hogar para poder construir, en la superficie del terreno que estaba libre, una
nueva casa. El banco nos otorgo un
préstamo por el total de la construcción.
Me sentía muy inteligente y presumía de saber sobre este tema. No tenía idea cómo pagaríamos esa hipoteca.
Pronto, quedó claro que mi
matrimonio se estaba quebrando. Casi no
tenía tiempo para la intimidad, pues estaba preocupada acerca del dinero. De algún modo, me había casado con un hombre
que me dejaba sola mucho tiempo, y el dinero se convirtió en mi amante.
Cuando, finalmente, me atreví a
mirar nuestro estado financiero, y el estado de mi matrimonio, decidí irme,
dejándole todo a mi esposo. Me imaginé
que él no me había amado o deseado, por lo tanto, podía quedarse con las
cuentas. Pronto quebró y perdimos
nuestra nueva casa. Yo estaba camino a
un nuevo matrimonio, por lo tanto el anterior no tardó en convertirse en un
completo desastre. Nos mudamos. Finalmente, nos divorciamos y me encontré
viviendo en un pequeño estudio-departamento.
Mis hijos vivían con el padre.
Tenía una mesa, un colchón sobre el piso, que compré por dos dólares. Tuve problemas para permanecer en cualquier
trabajo. Me sentía cansada, sin
esperanzas, solo sobreviviendo, en la pobreza.
Por lo general conseguía empleos que eran insalubres para mí, trabajando
en forma provisoria o siendo despedida.
Yo pensaba que ellos me debían mucho, y cuando se cansaban de mis
tiempos libres, me reprogramaban mis horarios de trabajo o me despedían, Más
adelante, encontré un trabajo en el cual ganaba un buen salario. Me convertí en un ser estable. Me volví a casar y me mudé a un área de
influencia en un suburbio de la ciudad.
El tenía una casa agradable, pero necesitaba atención. Una vez más, fui a una casa de decoraciones,
compré y gasté. Pero esta vez, como
estaba casada con un hombre con un empleo estable y excelentes antecedentes
respecto a tarjetas de crédito, ¡Yo tenía una!. Aún recuerdo como me sentí cuando una
vendedora, después de haber realizado una venta, me llamó por mí nombre,
diciéndome, "Gracias, Sra....... "
Sentí una ráfaga de importancia y
respeto. Por fin, estaba estableciendo
un buen contacto con el resto de la comunidad, ¡había comprado poder!. Tenía una casa
agradable, ahora mis hijos estaban conmigo, tenía un trabajo donde era
considerada "el eje de la rueda" y ganaba un buen salario: mi vida
era bastante respetable. Me sentía amada
y respetada.
Después de haber financiado nuestra
casa usando hasta el límite nuestras tarjetas de crédito, una vez más, sabía
que estaba en problemas.
Comencé a mentir acerca de mis
ingresos. Adquirí cuatro tarjetas con
límites altos. Ahora, realmente, me
había vuelto depresiva. Tenía miedo de
dejar la casa para ir a trabajar, dado que había estado alejada del mismo por
largo tiempo. Me sentía cada vez más
sola. No quería ver a amigos, porque ya
no tenía buen aspecto. Todos estos meses
mi autoestima no había funcionado y ahora tenía tanto miedo que ni siquiera
podía pensar. Unos meses antes de llegar
a Deudores Anónimos, me di cuenta que esta haciendo algunas cosas mal y tenía
la sensación que algo estaba terminando. Creí que ese algo podía ser mi vida.
Primero, tomé dinero de una cuenta
de inversiones de mi hija, cuyo importe era el pago de una indemnización por un
accidente causado por un conductor ebrio.
Cuatrocientos dólares no habían sido aún invertidos, y sin su permiso,
solicité que el cheque me fuera enviado.
No le mencíoné nada a mí hija sobre esto, pues
tenía el convencimiento que lo podría reintegrar. Por último, cuando las clases estaban por
comenzar, yo me hice cargo de la compra de su ropa escolar, de modo que, en vez
de que ella usara su dinero, yo me haría cargo de esos gastos, deduciéndolos de
la suma que le debía. Se volvió tan
complicado que, finalmente, me quebré y le dije a mi hija la verdad, que me
sentía muy mal, sobretodo, acerca de cómo una persona se siente al tener que
necesitar dinero de una hija de doce años.
Después fueron las tristes
circunstancias de los certificados como regalos. Cargué en cuenta certificados en dos
establecimientos, por $ 50 cada uno, a nombre de mi hija. Le pregunté si ella podía conseguir el
retorno del efectivo, en el caso que no encontrara algo como para ella; me
contestó que sí. Cuando fuimos a
conseguir el dinero, ambos establecimientos hicieron un gran alboroto,
señalando que mi hija tendría que comprar alguna cosa. Adquirimos medias y ellos nos reembolsaron el
resto. Todo esto por $ 90 en efectivo y
una deuda mayor. Peor, estaba mostrando
el camino a mi hija de cómo cargar en cuenta, deber y cómo hacer algo
deshonesto. Fue afortunada, ya que ella
había fírmado los certificados.
Llegué a Deudores Anónimos en agosto
del 1992, en la que yo creo era la peor noche de mi vida. No dije una palabra, apenas si miré a quienes
estaban allí. Nunca me había sentido tan
avergonzada y con tanto miedo. Si
hubiera tratado de hablar, hubiera llorado.
Seguí la sugerencia de concurrir a ocho reuniones en las pròximas semanas y continuar regresando. Lo hice concurriendo a dos reuniones cada
semana. Me quedó grabado la idea
cuidarme en el gasto del dinero y lo practiqué en los dos meses siguientes. Al llegar a la tercera reunión, había
aceptado un nuevo espacio, en un buen iugar, con
buenos compañeros. Sólo por la gracia
de
Dios, éste fue el momento para
mí. Mi esposo me acompañó a la cuarta
reunión; en ella le oí decir que las cosas no andaban bien entre nosotros y que
tenía la esperanza que esas reuniones me "ayudarían". Me sorprendió que él hablara en una sala
llena de gente desconocida y más aún, acerca de nuestro problema
matrimonial. Estaba realmente
atemorizada, y esto me demostró que nosotros dos estábamos ante un problema
profundo.
Al llegar el íin
de semana, con todos nuestros hijos en casa, me levanté temprano y fui de
compras. Horas más tarde, me hallaba en
el vestuario de una gran tienda, transpirando y temblando, pensando que no podrín salir de ese lugar y que tendría que pedirle a la
vendedora que llamara a mi esposo. Me sentía inmovilizada, incapaz de tomar una
decisión. Pensaba en cuanto extrañaba mi
hogar, que hubiera sido un buen momento para conversar con mi hijo, y en cuanto
deseaba verlos a todos, pero ya había transcurrido la mitad del día. Finalmente, subí a mi auto y me dirigì a casa, dejando mis paquetes en el vehículo con la
intención de sacarlos más tarde. Antes
de ir a casa había pasado por el almacén, así pude decir que habìa ido a comprar
allí y que fui a dar una vuelta por ahí.
Al llegar a casa, me sentí enferma,
me acosté y después de llorar largamente, pedí ayuda. Llamé a alguien que estaba en programa. Afortunadamente, él estaba tranquilo y me
dijo que probablemente, había tocado fondo y, realmente, eso me
estremeció. Me sugirió que rezara y
leyera el Primer Paso. Yo nunca tuve demasiado confianza en el Primer Paso, pero ahora estaba
dispuesta a tenerla. Sabía que era
impotente ante el gasto y la deuda, y que solo un Poder superior a mí podría
ayudarme. En cierta forma, le había
creído a mi amigo, quien había tenido que trabajar en el Primer Paso para dejar
de beber, pero no creía que yo podría estar tan fuera de control respecto a mi
"estúpida forma de gastar".
Esa tarde, tomé la decisión en dejar que Dios cuidara de mí.
En el término de dos semanas mi
esposo y yo tuvimos nuestra primer Grupo de Alivio de
Presiones. Las cosas parecían carentes
de esperanza, y pensaba que, probablemente, no había opciones. Pero, por primera vez, la realidad aparecía bastante
más clara. Preparamos un plan de acción
y ordenamos los horarios para nuestro nuevo Grupo de Alivio de Presiones. Parecía que todos nos sentíamos mejor. Hice mi plan ideal de gastos, registrándolos
por escrito a todos ellos. A mí me
encantaba esa parte. Después escribí
acerca de mi salario soñado. Por
supuesto, a esta altura yo ya había gastado por alrededor de $ 22.000. Aún, en
el caso que tuviera ingresos anuales de $ 10.000, todavía no me alcanzaba. ¡Por
fin, la enfermedad, había comenzado a hablarme!
Nuestro siguiente Grupo de Alivio de
Tensiones fue con un matrimonio, ambos en nuestro programa. Mi esposo creía que este programa era
grandioso para mis problemas con el gasto pero, que el no veía el porqué él lo
necesitaba. El sólo pagaba las cuentas,
eso era todo. A medida que la confianza
fue creciendo, me di cuenta que, la razón por la cual teníamos cuentas
separadas podría tener algo que ver con la confianza y los secretos.
Estaba muy agradecida con la pareja
que habla tomado una responsabilidad solidaria con respecto al gasto y a la
deuda. Obviamente, esto no involucro a
una sola persona.
Aprendí acerca de mis gastos y como
me sentía desvalida o, cuando mis necesidades básicas no eran cubiertas,
después de pagar mis cuentas me sentía enojada y compulsivo. Me di cuenta que, lucir resplandeciente para
ocultar que me sentía mal, nunca había funcionado. Nunca me había hecho sentir conforme conmigo
misma. Descubrí que en mi
"imprecisión termina¡", nunca había sabido
cual era, realmente mi propio negocio, aunque fueron las ganancias de mi
negocio las que nos calificaba para tener un bajo interés sobre el préstamo
para la casa, ahorrando dinero sobre nuestra hipoteca y reduciendo notablemente
nuestra deuda.
A principios de diciembre, fuimos a
un plan de gasto todo en efectivo. Nuestro mejor regalo fue una Navidad sin
crédito. Al día siguiente a Navidad, nos
miramos uno al otro y sonreímos, sabiendo que no debíamos nada a nadie y, con
la paz mental,que el actual
era el camino correcto.
Yo había tenido la esperanza que
nosotros podríamos ser una de aquellas parejas del programa que podían
construir una nueva vida, perdonar y comprometerse con el programa. Pero esta era una enfermedad peligrosa,
rampante e insidiosa, que podía matar, y algunas veces, hay mucho daño y
negación hasta que es demasiado tarde.
Los milagros suceden. Y este programa funciona. Puede ser que no funcione la manera que lo
planeamos o lo soñamos, pero los compañeros en las reuniones y el Grupo de
Alivio de Presiones, son mensajeros del espíritu de este programa de salvar y
cambiar vidas. Ahora tengo apoyo y
amistad, amor e intimidad y una nueva familia con este programa. Ahora puedo elegir opciones para mi
crecimiento y mi felicidad y la de mi hija, moviéndome hacia delante y viendo
como quiero vivir mi vida. Actualmente,
en lugar de desear lucir muy bien para que mi familia me quiera, estoy viviendo
abiertamente, de acuerdo a mi verdadera naturaleza. De algún modo, cuando dejé de esconder y
estar vacilante acerca de mis gastos, me volví clara acerca de las áreas de mi
vida. En lugar de actuar como lo hacía
antes, bajo la creencia de cuan desagradable era, descubrí que allí había
estado un hermoso cisne - con fuerza, coraje, con todo.