LOS DOCE PASOS DE DEUDORES ANÓNIMOS

 

 

 

Preámbulo de Deudores Anónimos

 

“Deudores Anónimos es una hermandad de hombres y mujeres que comparten su experiencia, fortaleza y esperanza con el propósito de resolver sus problemas en común y ayudar a otros a recuperarse del gasto y la deuda compulsiva.

El único requisito para ser miembro es el deseo de dejar de incurrir en deudas no garantidas.

No hay cuotas ni honorarios para ser miembro de D A cada grupo se mantiene con las contribuciones voluntarias de sus propios miembros.

D.A. no pertenece a ninguna secta, asociación política, organización o institución, no desea involucrarse en controversias, no apoya ni defiende ninguna causa.

Nuestro objetivo principal es evitar endeudarnos un día a la vez  y ayudar a otros deudores compulsivos a detenerse de incurrir en deudas no garantidas.”

 

Introducción A Los Doce Pasos

 

Como deudores compulsivos, experimentamos el dolor de nuestra adicción. Nuestras deudas pueden manifestarse en nuestras vidas en la forma de saldos impagos de tarjetas de crédito, o de préstamos, compras compulsivas, sobregastos,  o ganar poco crónicamente.

Tratando de resolver este problema, sólo con nuestro esfuerzo, caemos en la pobreza compulsiva, privándonos a nosotros mismos de las necesidades básicas.

Muchos de nosotros nos identificamos con algunas de estas formas de deuda compulsiva.

Al momento de entrar en nuestra primera reunión de DA, la mayoría de nosotros se sentía golpeado por los temas  de deudas. Habíamos tratado con Consejeros financieros, con libros de autoayuda, con cursos de manejo de dinero, sólo para caer otra vez en el pozo de la deuda.

Al estar en contacto con amigos o parientes, encontramos que no podían entender porqué no podíamos dejar de endeudarnos.

Nos sentíamos desesperados, sin esperanza, al borde del suicidio.

En Deudores Anónimos hemos encontrado no sólo la Fuerza y la Esperanza,  con el apoyo de otros que entiende nuestro problema, sino también una solución común, una solución que funciona.

Nuestra solución es un programa espiritual de recuperación, utilizando  Doce Pasos.

 

Los Doce Pasos sugeridos por DA proveen un fundamento de vida, que es la base del programa espiritual de recuperación.

Ellos son los principios que hacen posible nuestra recuperación de la insaníade nuestras deudas compulsivas.

Liberados de las ilusiones de nuestras adicciones, hemos producido un cambio financiero, emocional y espiritual en nuestras vidas. Hemos encontrado un nuevo placer en la vida. Hemos recibido el regalo de un renacer espiritual.

Si Ud. desea lo que ofrecemos, y está dispuesto a ir lo lejos que haga falta para lograrlo, entonces Ud. está listo para seguir estos Doce Pasos.

 

 

 

 

 

 


LOS DOCE PASOS DE DEUDORES ANÓNIMOS.

 

1   Admitimos que éramos impotentes ante la deuda compulsiva y que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.

 

Comenzamos con el Primer Paso hacia nuestra recuperación, con el simple reconocimiento de algo obvio: al mirar las ruinas dejadas por nuestras conductas deudoras, a pesar de haber actuado con nuestras mejores intenciones, con nuestras acciones más enérgicas y dedicadas, con la mayor determinación de nuestros esfuerzos para controlar y manejar nuestras finanzas, esta acción sólo nos trajo más deuda, en lugar de solvencia y abundancia.

Tuvimos que admitir que no teníamos control sobre nuestro endeudamiento. No importa cuanto o cuan poco fuera el tamaño de la deuda. Imaginamos que podríamos evitar el continuar endeudarnos y llevar sanas y serenas vidas. Nuestra vitalidad y placer de la vida fueron reemplazados por el temor y la confusión a medida que tratamos en vano de levantar nuestro castillo de naipes financiero.

Supimos que la próxima liquidación de una tarjeta de crédito o la próxima factura podían ser el soplo que nos llevara a la ruina.

Cuando admitimos nuestra impotencia y nuestra inhabilidad para manejar nuestras propias vidas, apoyamos el primer ladrillo del basamento que nos permitirá crecer hacia la solvencia y serenidad.

Algunos de nosotros hemos llegado a nuestra primera reunión vencidos por el endeudamiento, sabiendo ya que no podíamos resolver nuestros problemas financieros solos.

Hemos enfrentado  procedimientos legales o terminado matrimonios o largas relaciones.

Hemos llegado a no alimentarnos adecuadamente o a considerar el cuidado de nuestra salud.

Otros ejemplos de impotencia incluyen nuestra incapacidad para resistirnos al uso de tarjetas de crédito, nuestra incapacidad de lograr un buen negocio, nuestra completa vaguedad en nuestro balance y planes de gastos. Colapsados bajo el peso de nuestros problemas de dinero, encontramos alivio en admitir nuestra impotencia.

Algunos de nosotros, por otro lado, rechazamos al principio en llamarnos a nosotros mismos deudores compulsivos. Nuestra situación no parecía ser tan mala. Algunos de nosotros no teníamos deuda de tarjetas de crédito, pero nos sentíamos con vergüenza al confesar que habíamos pedido prestado a parientes o amigos nuestros en tiempos de crisis. Nos decíamos a nosotros mismos que el problema era la economía, o nuestro jefe o la mala suerte. El próximo mes, seguramente, sería diferente. Hemos llegado a DA como buscadores de información, desprovistos de emociones, buscando una nueva perspectiva sobre el dinero, y al escuchar a otros deudores compartir algo que sonaba como nuestra historia de temor y caos, vimos que nuestra negación y resistencia sucumbían. Comenzamos a aceptar que no importaba cuan extremadamente tratáramos, solos no podríamos hacerlo bien. Algo estaba terriblemente mal entre nosotros y el dinero.

A nadie le gusta admitir ningún tipo de defecto, pero cuando se trata de deuda compulsiva, encontramos necesario rendirnos completamente.

En el Paso Uno admitimos que no podíamos continuar nuestras vidas en el camino que llevábamos y no podríamos hacerlo solos. Sólo estando dispuestos a admitir nuestra impotencia podremos comenzar a recibir el apoyo y la ayuda que necesitamos.

En la segunda parte de este paso, siendo perfectamente honestos con nosotros mismos, en admitir que nuestras vidas se han vuelto ingobernables. En efecto, estamos llenos de evidencia que nuestra deuda compulsiva ha creado un caos: pilas de facturas sin abrir, llamadas de enojados acreedores, pequeños o nada de ahorro para nuestro retiro, no tenemos una reserva para gastos de emergencia, vivimos en el filo entre pagos de salario. Mucha de nuestra esperanza y entusiasmo por la vida han sido reemplazados por la preocupación sobre nuestras finanzas. Nuestra incapacidad para controlar nuestra deuda ha ingresado el caos en nuestros trabajos y en nuestros hogares. Nuestra vergüenza, culpa y furia nos ha dejado sintiéndonos inadecuados y sin esperanza. Nos culpamos, culpamos a otros, nos sentimos la fábrica de los males de nuestras vidas, tratando de separar inútilmente, lo que está mal.  Cuando admitimos nuestra impotencia y la imposibilidad de manejar nuestras vidas, en el Paso Uno, abrimos la puerta a la recuperación del dolor de nuestras acciones destructivas. Cuando admitimos la impotencia, dimos el primer paso para salir de la falta de ayuda y desesperanza. En este momento, humildes y abiertos, estamos listos para embarcarnos en el Segundo Paso.

 

 

2   Llegamos a creer que un Poder Superior a nosotros podría devolvernos el Sano Juicio.

 

La comprensión que la vida se nos ha convertido en ingobernable nos ha traído al  Paso Dos. ¿De qué forma hemos perdido nuestra sanidad? Cuando examinamos nuestra vida con honestidad, encontramos que hemos repetido las mismas conductas irracionales una y otra vez, esperando resultados diferentes. Hemos gastado dinero que no teníamos. Alternamos entre el pánico y la negación, pretendiendo que no importaba que no podíamos pagar las cuentas. Cuanto más debíamos a algunas personas, más las evitábamos y mayor era el resentimiento hacia ellas, que han tratado tan duramente de ayudarnos. Hemos perdido el sueño por las preocupaciones y apenas funcionamos durante el dìa. Sin duda no estábamos actuando sanamente.

Quizás el origen de nuestra insanidad sea la creencia que somos todopoderosos. Un sentido inflado de auto-suficiencia nos ha llevado a generar un esquema de grandiosidad. Creímos que no debíamos obedecer las mismas reglas que los otros seres humanos. Estábamos exentos, éramos únicos, éramos especiales. ¡Seguramente nuestra inteligencia y nuestra determinación podrían conjurar una salida!

Sin embargo, nuestro proceder sólo nos conducido a ningún lugar excepto mayor deuda.

Algunos de nosotros encontramos dificultoso aceptar la creencia en un Poder Superior. Lógicamente no podíamos aceptar el concepto tradicional religioso de Dios. La confianza en nuestro intelecto nos ha levantado una barrera de indecisión al respecto. En las reuniones de Deudores Anónimos aprendimos que no se requiere ninguna doctrina específica. Encontramos que podemos elegir creer de acuerdo con nuestra lógica y razón.

Para algunos, comenzar a creer significa acercarse a un poder superior que no ha funcionado para nosotros. Nuestro desafío fue desvanecer al dios implacable de nuestra religión de la niñez, e invitar a un nuevo dios a nuestras vidas, el que nos ama incondicionalmente así como somos.

Otros descubrimos que acarreamos una creencia inconsciente en un dios que parece cuidar más de ideales abstractos como el amor y el perdón, que de las dolorosas realidades del dinero y las tarjetas de crédito. Tuvimos que encontrar un camino espiritual que funcionara para nosotros.

Con el apoyo de otros miembros de DA, nuestro padrino /madrina, y la literatura de Da, dimos a nuestro corazón y alma la libertad para crear un nuevo concepto de poder espiritual.

Algunos de nosotros encontramos en la veneración del compañerismo de DA a nuestro Poder Superior.

Muchos de nosotros encontramos nuestra Fuente en la naturaleza. Para otros, el Poder Superior es una fuerza externa, para otros es una fuerza que reside dentro de cada uno. En cualquier caso, sea cual fuera nuestro concepto de Poder Superior, El tiene el poder de hacer por nosotros lo que no podemos nosotros mismos: dejar la obsesión de la deuda compulsiva.

Necesitamos una creencia en un Poder mayor que nosotros mismos.

Nuestra visión de un Poder Superior no necesita ser perfecta o completa en orden a cumplir con este Paso. En el comienzo, teníamos más preguntas que respuestas, el Dios de nuestro entendimiento parecía ser frustrantemente distante. De hecho, muchos de nosotros encontramos  la  mano de un Poder Superior por primera vez cuando llegamos a la más profunda obscuridad de nuestra desesperación.

Muchos comenzamos a creer en un proceso que evoluciona y se profundiza con el tiempo. Aprendimos que crear una conexión con el Poder Superior requiere de un esfuerzo diario. Gradualmente un sentido de confianza y conexión con el PS se cristalizaba como un puente hacia un nuevo amanecer espiritual.

Sentimos alivio, sentimos paz. Empezamos a ver como el PS de nuestro entendimiento podía sanar nuestras vidas alteradas. Sintiendo más coraje y fortaleza por esta nueva relación con el PS, mayor a nosotros mismos, estamos listos para comenzar el Tercer Paso.

 

 

 

 

3   Resolvimos confiar nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de Dios, según nuestro propio entendimiento de Él.

 

Tomamos la decisión de entregar nuestras vidas y nuestra voluntad al cuidado de Dios como nosotros lo entendemos.

En el 3er.  Paso, hacemos una elección consciente, para permitir a nuestro PS manejar nuestras vidas, ya que no confiamos en nuestro propio desorden como guía. Nosotros sospechábamos que nuestra voluntad, en el mejor de los casos era un piloto no confiable, y en el peor de los casos algo que realmente podría destruir nuestras vidas contra las rocas de las deudas, el derroche y ganar poco dinero.

Los miembros de DA que han recorrido el camino antes que nosotros, nos han dicho que nuestro pasar será más sereno si dejamos que nuestro PS nos guíe. Para comenzar, todo lo que debemos hacer es tomar la decisión. Cuando nos demos cuenta que nuestra mente quiere retroceder, debemos una vez más tomar esta decisión, tan frecuentemente como sea necesario.

Muchos de nosotros dudamos. Parece peligroso dejar nuestra voluntad en una especie de control externo. Pensamos que nuestra voluntad somos nosotros mismos, si resignamos nuestra voluntad, ¿desapareceremos en la nada?

Hemos tenido largas deliberaciones sobre el tema del control de nuestras vidas, pensando que si sólo lo dejamos por un momento, todo nuestro mundo puede estrellarse de repente. Podemos temer el tener que abandonar a nuestros más preciados deseos y esperanzas, a las secretas visiones que nos dan la razón por la cual vivir en medio de nuestra enfermedad. No nos habíamos dado cuenta que nuestra fuerza de voluntad podría llevarnos tan lejos de nuestros sueños y esperanzas.

Abandonar la voluntad no es fácil. Pero tomando este Paso, muchos sentimos un gran alivio al no tener que resolver nuestros propios problemas.

Luchar contra nuestras dificultades había acabado con nuestro último gramo de resistencia.

Escuchar a otros miembros hablar sobre el cambio en sus vidas, al estar al cuidado de su PS, y viendo cómo sus situaciones fueron gradualmente mejorando, fue inspirador para que podamos tomar confianza. Cuando convertimos nuestras vidas sobre la base de un PS, con la profundidad de lo que podemos, la sanidad y la esperanza retornan.

Algunos de nosotros tenemos un entendimiento de Dios, según el cual nos sentimos cómodos, haciendo que la decisión de confiar en el PS  tenga perfectamente sentido. Como sea, otros, no teniendo una idea definida de Dios, hemos tomado la decisión, de entregar nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de un Dios que no comprendemos del todo. Hemos llegado a confiar que nuestro entendimiento crecerá a medida que avanzamos en los pasos hacia nuestra recuperación.

Para algunos, nuestras historias hacen difícil confiarnos al cuidado de un PS. Consideramos a Dios indiferente a nuestro destino o siempre enojado y castigando. Nuestro secreto temor fue que ese Dios no quisiera cuidarnos. Porque no somos merecedores. Creíamos que no necesitábamos cuidado, al menos no del Creador. El Tercer Paso y la experiencia de otros miembros de DA, nos aseguran que Dios en quien confiamos nuestra voluntad y nuestra vida es uno en el cual podemos confiar.

Gradualmente, un día a la vez, invitamos a nuestro PS a caminar con nosotros en todas las áreas de nuestras vidas y a pavimentar los caminos hacia una nueva auto-aceptación.

El abandono de nuestra voluntad en manos de nuestro PS fue en el conocimiento de que había poco que controlábamos en nuestra vida, que necesitábamos la asistencia de un poder que hiciera por nosotros lo que nosotros mismos no podíamos. Al principio, dejar nuestras vidas al cuidado de Dios, significaba abandonar nuestra compulsión a usar tarjetas de crédito o a escribir cheques sin fondos. Con el tiempo, a medida que trabajábamos en el programa de DA, encontramos que Dios quiere todo de nosotros, no sólo una parte: no sólo las tarjetas de crédito, sino nuestras esperanzas, nuestros temores, nuestras relaciones, nuestra enfermedad, nuestro futuro. Así como nuestra Fe creció, así lo hizo nuestra predisposición para rendir todo.

Un día a la vez, hemos estado dispuestos a aceptar la dirección divina, estamos entonces preparados para el Paso cuarto.

 

 

4  Sin temor hicimos un sincero y minucioso inventario moral propio.

 

En este Paso comenzamos a asumir reponsabilidad por nuestras acciones. A menudo, hemos señalado a otros como los responsables, ahora cambiamos el foco hacia nosotros mismos. Con la ayuda y la guía de nuestro padrino y otros miembros de DA, comenzamos a ver nuestro rol en el proceso que nos llevó adonde estamos.

Primero, nos faltó coraje cuando consideramos hacer un honesto examen de nosotros mismos.

Tuvimos pavor de exponer nuestras fallas a la luz de la verdad. Pero el inventario solicitado en el Paso Cuarto no es un ejercicio de auto-crítica. Es un balance de nuestras cuentas, es una lista de nuestras habilidades y nuestras responsabilidades.

Ninguna cura puede ser efectiva sin un diagnóstico basado en un cuidadoso examen. Hallamos que la honestidad es la mejor manera de actuar, resistir al impulso de la justificación, la exageración o la excusa. Hallamos que nuestras responsabilidades pueden ser también nuestros aspectos positivos.

Cuando miramos atrás en nuestras vidas, sentimos olas de furia hacia las personas que nos han causado dolor. Como sea, en cada caso debemos examinar la situación cuidadosamente, vemos que hemos tenido participación, quizás simplemente ofendiéndonos, cuando esa no era la intención hacia nosotros. Además, cuando somos honestos y buscamos, como este Paso requiere, los defectos que más despreciamos en otros, son generalmente los que sufrimos de nosotros mismos.

¡También vimos qué increíblemente creativos podemos ser; entre el caos y la ruina que hemos conjurado!

Si la energía creativa pudiera encaminarse para trabajar para nuestra recuperación, ¿qué no podríamos conseguir?

Miramos hacia todo lo que hemos destruido, hacia lo que hemos perdido, miramos nuestra vida con ojos que ven lo que fue y lo que podría seguir siendo.

Pasamos tiempo reflexionando, recordando, mirando hacia atrás, através de la historia de nuestra deuda, como un detective buscando las claves de un intrincado misterio, y escribimos lo que encontramos.

Nos aseguramos de analizar nuestras conductas de compulsión al gasto y a los bajos ingresos. Vamos a describir nuestra propia vida, recordando nuestra insanidad y tomando nota de nuestros logros. Es una oportunidad para traer amablemente a la conciencia la desesperación, las partes enfermas de nosotros que nos han llevado a caer en las deudas.

Recordando nuestras interacciones con el dinero y las deudas, no nos juzgamos, tampoco nos analizamos y tampoco ponemos excusas.  Simplemente escribimos una crónica de los hechos que pasaron, qué sentimos, y qué hemos hecho.

Se nos pide tomar acción, pero no es necesario ejecutar perfectamente el Paso Cuarto. Sólo se pide que sea hecho prolijamente, generalmente con la ayuda de un padrino.

De los métodos que usamos, está el de la columna, tal como está en el “Gran Libro” de Alcohólicos Anónimos. Otros escriben la historia de sus vidas.

Si nos paraliza el terror, en el miedo de quedar atrapados en un pasado que bien hemos olvidado, recordemos confiar en el cuidado del Poder Superior  mayor que nosotros mismos. Algunos encontramos que la única forma para liberarnos de las garras de nuestro temor, es actuar cómo si no tuviéramos miedo.

Hecho con integridad, el Cuarto Paso tiene el poder de transformas nuestras vidas. Pocos de nosotros han completado el Cuarto y Quinto Paso sin experimentar alivio.

Conociéndonos a nosotros mismos, con nuestras rarezas y manías, nos liberamos de la vaguedad y la negación, y obtenemos el coraje para enfrentar el Paso Quinto.

 

 

 5   Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestras faltas

 

Practicamos el espíritu del Paso Quinto cada vez que compartimos una reunión de DA. En las reuniones nos sentimos lo suficientemente seguros para dejar de seguir ocultándonos por nuestros temores y vergüenzas y dejar que otras personas vean nuestras humanas imperfecciones. Un formal Paso Quinto significa compartir el proceso más profundamente, completar el trabajo comenzado en el paso anterior. Encontramos que es lo mejor comenzar este paso apenas terminemos el Cuarto, para  desembarazarnos de las poderosas emociones y pesares que nos han conmovido al escribir nuestro inventario. El Paso Quinto parece formidable, pero en realidad, una vez completo el Cuarto, descubrimos que ya nos hemos enfrentado a nuestro peor crítico: nosotros mismos.

Como este Paso es tan crítico, debemos elegir con cuidado a la persona ante quien admitimos nuestros defectos. Generalmente elegimos un padrino, un miembro de DA con mayor experiencia en el programa, un miembro del clero, o un profesional quien puede escuchar cuidadosamente sin juzgarnos, ofreciendo ayuda y aceptación.

Encontramos útil, esperar un tiempo para admitir nuestros defectos a nosotros mismos y a Dios. Entonces arreglamos una reunión con otra persona para completar el Paso.

Es sorprendente cuán fuertemente nos hechamos atrás al tener que admitir nuestros defectos. Después de todo nuestras peores acciones y actitudes eran bien conocidas por aquellos que nos trataban y ciertamente por Dios. Debimos tener la esperanza que si no apuntábamos nuestras flaquezas, ningún otro podría hacerlo. Como sea, la ruina de nuestras vidas probaba por otro lado que somos nosotros mismos los únicos engañados.

Este Paso nos ofrece la oportunidad de dejar de engañarnos a nosotros mismos, de escuchar a nuestra conciencia y nuestra mente con la voz alta, que es lo que nos dice. Exponiéndonos a nosotros mismos, con toda delicadeza, ante Dios y ante otro ser humano, nos aliviamos del sufrimiento de nuestras culpas y aislamiento. Confiamos que esta persona tendría la sabiduría de darse cuenta que fallamos por ser simplemente humanos. Al soltar las cadenas de nuestros corazones, nos abrimos al poder curativo de la verdad. Rompimos nuestro aislamiento y comenzamos a construir el puente a la auto-curación y a la transformación que nos ofrecen los Pasos Sexto y Séptimo.

 

 

6   Estuvimos enteramente dispuestos a que Dios eliminase todos estos defectos de carácter.

 

Este Paso nos ofrece uno de los mayores regalos espirituales del programa: el cambio.

No importa qué descubrimos acerca de nosotros mismos en los Pasos anteriores, el cambio es posible. No estamos condenados a vivir una vida envenenada por nuestra enfermedad. Un Poder Superior a nosotros mismos puede sacarnos el temor, la deshonestidad, la auto-obsesión y nuestro deseo de incurrir en deuda. Los Pasos Cuarto y Quinto nos han mostrado claramente nuestros defectos y sus efectos en nuestras vidas y en nuestras relaciones. Comenzamos a entender que nuestros defectos de carácter no nos han servido, de hecho fueron obstáculos para lograr experimentar en su plenitud la riqueza de la Vida. Muchos llegamos a DA creyendo que nada podría cambiarnos. ¿Cuántas veces hemos tratado através del soborno, la manipulación o la obstinación, de abstenernos de endeudarnos? ¿Cuántas veces hemos fallado?

El Paso Sexto nos ofrece una solución espiritual a este dilema. No podemos cambiarnos a nosotros mismos, pero un poder superior a nosotros, sí puede. Podemos recuperar esa espiritualidad que proviene de haber nacido de una querida creación de nuestro Poder Superior. Este fue realmente un milagro, y trabajando este Paso comenzamos a estar listos para que eso suceda. La acción que requiere este Paso es cambiar nuestra actitud. El Paso Sexto nos pide que estamos dispuestos a dejar nuestros defectos de carácter. Comenzamos a estar dispuestos, através de la oración, la meditación y hablando con otros miembros de DA. La disposición fue la clave de nuestra cura, sin ella nuestro corazón estaba bloqueado al regalo de la transformación. Nuestro cambio a un corazón abierto hacia un Poder que hiciera lo que nosotros no pudimos. Simplemente le dijimos a nuestro Poder Superior que estabamos listos y dispuestos para remover todos nuestros defectos de carácter que descubrimos en el Paso Cuarto. Al crecer en este entendimiento, descubrimos que estábamos listos para que Dios nos transformara. Ya estamos listos para el Paso Séptimo.

 

 

7   Humildemente pedimos a Dios que limpiase nuestras culpas.

 

En el Paso Séptimo le pedimos a un Poder mayor a nosotros que haga lo que no pudimos, aliviarnos de nuestras fallas. Le pedimos a Dios, no remover las consecuencias de nuestros actos, sino la causa: nuestros defectos de carácter. El perdón que habíamos experimentado en los pasos previos fue encontrado en la palabra defectos, la que sugiere rasgos y acciones que han causado que cayéramos de nuestras mejores intenciones.

Nuestra nueva humildad nos permite reconocer que nuestros defectos de carácter nos han llevado lejos de lo que debíamos ser. El Paso Séptimo fue una oración, un ofrecimiento a Dios con nuestra más elevada intención, un profundo sentimiento de que no queríamos otra cosa que estar en el camino de servir a nuestro Poder Superior.

Humildad no quiere decir que nos avergoncemos de nosotros. Los que consideramos a nosotros mismos como lo peor de lo peor, a nuestras faltas mayores que las de cualquier otro, al fin aprendimos que esto no es sino otra forma de grandiosidad. Humildad significa que somos simplemente humanos, ni más ni menos defectuoso que cualquier persona que encontremos, una píldora difícil de tragar para quienes tendemos a oscilar salvajemente entre la arrogancia y la auto-condenación. Volvernos humildes ante Dios nos dio una perspectiva más balanceada de nuestro lugar en el Universo. Paradójicamente, la humildad nos ha hecho íntegros.

En el Paso Séptimo aprendimos que los defectos son nuestros, de nadie más. Porque las faltas son nuestras, somos nosotros quienes debemos pedir que sean removidas.

Todo lo que debemos hacer es pedir, del resto se encarga Dios.

Habiendo obtenido una nueva perspectiva y una nueva libertad, estamos preparados para el Paso Octavo.

 

 

8   Hicimos una lista de todas las personas a quienes habíamos perjudicado, y estuvimos dispuestos a reparar el mal que les ocasionamos.

 

En el Passo Octavo tomamos la acción de curar las heridas causadas a nuestras relaciones através de la práctica de nuestra adicción. Los Pasos Octavo y Noveno ofrecen la oportunidad de reparar el dolor que hemos causado en otros y en nosotros mismos, lo cual nos permitirá un nuevo comienzo.

La lista de personas a las que hemos perjudicado comienza con aquellos que hemos identificado en el inventario del Cuarto Paso. A menudo nos habíamos vengado de aquellos que nos habían herido. Al principio nos indignaba que tuviéramos que hacerles enmiendas a aquellos que aún no nos habían reparado de sus ofensas. En DA aprendimos que si queremos librarnos de nuestra deuda compulsiva, debemos tomar la responsabilidad por nuestra parte, no importa lo que hagan los otros.

Incluimos en la lista a cada persona a quien afectamos con nuestra enfermedad, financiera, emocional o espiritualmente. La lista incluye generalmente miembros de nuestra familia, amigos, empleadores e instituciones, especialmente a quienes les debemos dinero o les robamos. Porque nuestras acciones nos han causado un grave perjuicio, ponemos nuestro nombre en la lista.

Algunas enmiendas sentimos que podemos encararlas inmediatamente. Otras nos parece que nos tomará algún tiempo, y otras sentimos que necesitaremos la ayuda de nuestro Poder Superior a fin de estar dispuestos a llevarlas a cabo.

La primera parte de este Paso requiere que sólo hagamos la lista de todos a quienes perjudicamos.

La segunda parte reconoce que la oración, la meditación y la experiencia en el programa son necesarias para estar dispuestos a hacer las reparaciones a cada persona en la lista.

No es necesario saber cómo haremos las enmiendas, a fin de completar este Paso, todo lo que se requiere es estar dispuesto. A medida que continuamos trabajando el programa de DA, despertamos un día encontrandonos finalmente que contábamos con la disposición necesaria. Armados con una nueva resolución, estamos listos para el Paso Noveno.

 

 

 

9   Reparamos directamente el mal causado a estas personas, cuando nos fue posible hacerlo, excepto en los casos en que al hacerlo les hubiese inflingido más daño, o perjudicado a un tercero.

 

El Paso Noveno parece abrumador al comenzarlo. Requiere que con humildad, reconozcamos abierta y honestamente el efecto de nuestras acciones en aquellos a quienes perjudicamos. No es suficiente el mencionarlo a nuestro padrino. No podemos deternos con admitirlo ante a Dios. Debemos estar dispuestos y capaces de responsabilizarnos por nuestra parte, sin acusaciones, discusión, resentimientos o auto-justificación. Esto requiere de gran coraje y una preparación através de la oración, la meditación y el trabajo con nuestro padrino.

Debemos alejar cualquier expectativa respecto al resultado de nuestras enmiendas.

No importa cómo la otra persona recibe nuestra reparación o si nos perdona. Lo que importa es hacer  la restitución del daño cometido. Hacemos las enmiendas a fin de poder vivir una vida feliz, libre de culpas, vergüenza o remordimientos. Hacemos las enmiendas, no porque necesitemos asegurar el bienestar de otros, sino porque nuestra recuperación depende de ello. Nuestra objetivo es corregir las cosas que hicimos mal. Sólo actuando así, seremos capaces de experimentar las promesas del programa de DA.

Este Paso aconseja discreción. Las enmiendas nunca deben ser hechas de modo que causen un mayor daño a la persona o dañen a otros. Por ejemplo, no debemos manipular a otros para ser perdonados. No debemos presionarlos si ello causa un dolor evidente al otro. No debemos comprar paz de mente a costa de otros. Consultamos con nuestro padrino y otros miembros de DA, examinando nuestros motivos y determinando el mejor momento y manera para hacer cada enmienda.

Cuando llegamos a DA, muchos quisimos hacer  inmediatamente reparaciones financieras, ignorando los primeros ocho Pasos. Nuestro padrino y el Grupo de Alivio nos ayudaron a ver la importancia de tener cuidado de nuestras necesidades en primer lugar, hasta estar seguros de nuestra abstinencia de incurrir en nuevas deudas no-garantizadas. Sólo entonces, con su guía formulamos y emprendemos un Plan de Pagos. Con el tiempo, seremos capaces de hacer enmiendas financieras y pagar nuestra deuda totalmente.

Nunca es demasiado pronto, sin embargo, para comenzar a hacer enmiendas a nuestra forma de vida, cambiando nuestro comportamiento actual. No importa cuán dolorosa puede haberse vuelto una relación, al enmendar nuestras acciones, raramente se falla -con el tiempo- en la cura  de viejas heridas. Nuevas acciones van mucho más allá que las palabras, para convencer a otro que estamos seriamente cambiando de vida.

En este punto, si hemos atravesado el trabajo de estos Pasos, muchos nos damos cuenta que nuestras vidas han sufrido una transformación, que un cambio ha tenido lugar dentro nuestro, prácticamente sin darnos cuenta concientemente. Nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos señalan una nueva forma de vivir en el mundo, no sólo en las finanzas, sino en todas las áreas de nuestra vida. Nos encontramos dispuestos cada vez más a responsabilizarnos por nuestras acciones.

Sin darnos cuenta, ya estamos preparados para el Paso Décimo.

 

 

 

10   Proseguimos con nuestro inventario moral, admitiendo espontáneamente nuestras faltas al momento de reconocerlas.

 

Una vez que aclaramos la ruina de nuestro pasado, el Paso Décimo nos recuerda seguir usando las herramientas de los Pasos Cuarto a Noveno, a fin de mantener nuestro bienestar emocional y espiritual. Muchos miembros de DA realizan este exámen diariamente, a veces como una revisión previa a ir a dormir. Otros continúan con la oración y la meditación en horas de la mañana. Trabajando el Paso Décimo, seguimos buscando temores, egoísmos, deshonestidad, resentimientos y otros pensamientos y conductas que nos han causado dificultades.

Miramos atrás el día, y analizamos nuestras fallas y éxitos. Si cometemos un error o dañamos a alguien, ¿debemos una disculpa o debemos una enmienda? ¿albergamos resentimiento? Hablamos con nuestro padrino y otros miembros de DA, sobre cualquier tema que nos preocupe, quienes nos ayudarán a ver una nueva forma y mejores caminos para manejar nuestros problemas. Pedimos la ayuda de Dios para modificar nuestra conducta. En este camino practicamos la humildad, la honestidad, y el respeto por los otros. Reconociendo inmediatamente nuestros errores, no acumulamos resentimientos o culpas que pueden alimentar nuestros temores y llevarnos a las conductas compulsivas.

En DA, muchos aprendimos a llevar un inventario espiritual como el financiero. ¿Estamos registrando nuestros gastos? ¿está nuestro gasto previsto en el Plan? ¿Hicimos progresos con nuestro Plan de Acción? Si no, pedimos ayuda de nuestro Poder Superior. El Paso Décimo nos alienta a mantener en forma una condición espiritual que nos ayude a sostener la sanidad recuperada en nuestras vidas.

Cuando nuestra casa emocional y financiera esté en orden, estamos preparados para recibir la guía divina al Paso Undécimo.

 

 

11  Mediante la oración y la meditación, tratamos de mejorar nuestro contacto consciente con Dios, según nuestro entendimiento de Él, y Le pedimos tan sólo la capacidad para reconocer Su Voluntad y las fuerzas para cumplirla.

 

La oración y la meditación son el fundamento de nuestras vidas en recuperación. En el Paso Undécimo buscamos un mayor contacto con Dios para encontrar la guía que conduzca nuestra vida por un nuevo camino. Através de la oración y la meditación  aquietamos nuestros mentes y nuestras emociones. Nuestro pensamiento cambia. Nos volvemos más pacientes. A medida que dejamos el temor y las dudas atrás, nuestra vida adquiere un nuevo significado y hallamos diariamente satisfacción espiritual. Logramos una serenidad duradera.

No hay un único camino recomendado para lograr nuestro contacto con Dios como lo entendemos. La práctica espiritual que elijamos debe servirnos a cada uno. Hay muchos caminos hacia Dios. Lo que es esencial, es que continuemos entregando nuestra voluntad a nuestro Poder Superior regularmente. Encontramos a nuestra voluntad implacablemente obstinada, y sin un contacto espiritual constante, rápidamente volvemos a los pensamientos y acciones que nos han causado tanto dolor.

Cuando pedimos por la guía de Dios, procederemos con confianza.

Cuando oramos por fortaleza para cumplir la voluntad de Él, descubrimos con sorpresa que nuestros pensamientos y acciones han cambiado. Nos asombramos de nuestro coraje y serenidad. Nos damos cuenta que no fue con nuestro propio poder, sino que un Poder Superior estaba trabajando através nuestro.

 

 

 

12   Habiendo logrado un despertar espiritual como resultado de estos Pasos, tratamos de llevar este mensaje a otras personas, y a practicar  estos principios en todas nuestras acciones.

 

Cuando llegamos al Duodécimo Paso, la mayoría estabamos experimentando la felicidad de los logros producidos al trabajar los pasos. Nuestra alegría y abundancia fue en aumento. Así como continuamos trabajando los pasos y recuperándonos, nos volvimos más prósperos en todas las áreas de nuestras vidas: mental, emocional,física, material y espiritualmente. La vida parece correr sobre rieles.

Nos conectamos con la gente más fácilmente. Nuestros temores y ansiedades acerca del dinero han cesado. Sin embargo, la promesa del Paso Duodécimo, el resultado de trabajar los pasos, es la de un despertar espiritual.

Hemos comprendido, através del proceso de trabajar los Pasos, que Dios era la solución para todos los problemas que encontraramos, para cada compulsión que practicáramos, para cada obsesión de la que buscaramos huir. El dinero no era el problema, la gente no tenía la culpa.

Lo que nos faltaba todo el tiempo, lo que hemos tratado desesperadamente una y otra vez, es de llenar con nuestra deuda compulsiva, el enorme agujero vacío en el centro de nuestra alma.

Ese vacío que sólo nuestro Poder Superior puede llenar. Dios siempre está allí para nosotros, pero hasta que no reconocemos nuestra impotencia, hasta que no limpiamos nuestra casa, y no pedimos por la dirección divina, aún no estamos listos para recibir las promesas.

Trabajando los doce pasos aprendimos cómo pedir desde nuestro corazón, descubrimos nuestro lado correcto, y entonces estuvimos listos para recibir el preciado regalo de la serenidad.

El compañero de la serenidad es gratitud. Como experimentamos las recompensas del programa, nuestra gratitud nos inspira a pasar a otros los regalos que nos han sido otorgados.

Como una forma de devolver al programa que literalmente salvó nuestras vidas, es que hacemos servicio: personal, en reuniones, en Intergrupos o en el Servicio Mundial. Llevando el mensaje a otros enriquecemos nuestras vidas. Muchas veces encontramos que nuestra propia desesperanza fue vencida al levantar el telefono para contestar una llamada de un sufrido compañero de DA. Al gunas veces las palabras que necesitamos escuchar, fueron dichas por nuestros propios labios. Ayudando a otros, nos ayudamos. Cuando ponemos menos el foco en nuestros problemas, comenzamos la experiencia de la satisfacción del compañerismo.

Cuando vemos el sufrimiento que las conductas compulsivas causan en las vidas de otros, vemos que la gracia de Dios nos fue otorgada. Para mantener aquello que nos fue dado, continuamos trabajando el programa, los doce pasos, tanto como nuestra condición espiritual. Las viejas ideas han sido reemplazadas por nuevos pensamientos de auto-aceptación. El cambio de valores y creencias se refleja en nuestros nuevas conductas: un testimonio viviente del poder de los Doce Pasos.

El Paso Duodécimo nos recuerda que los principios de este programa ofrecen una guía para vivr en un mundo lleno con otros seres humanos. Nos hemos apoyado con los Pasos y con la comunidad de DA para enfrentar los retos que de otra manera hubiera resultado muy difilcutoso realizar, no nos han defraudado. Estas Doce simples herramientas para vivir lo han hecho posible cada día, no importando el reto, con gratitud y serenidad en nuestros corazones.